La fragilidad de la memoria cívica
El reciente encuentro público que el expresidente Alberto Fernández mantuvo con un grupo de estudiantes en las instalaciones de la Universidad Torcuato Di Tella nos lleva a preguntarnos si nuestra memoria cívica es tan débil que basta el paso del tiempo, acompañado de algunas fotografías sonrientes, para devolver una apariencia de respetabilidad a quienes han defraudado gravemente la confianza pública.
Pocos expresidentes argentinos han concluido su mandato con un descrédito semejante al de Fernández .
Su gestión dejó un balance económico desastroso, una sucesión de declaraciones disparatadas y una penosa exhibición de subordinación política frente a quienes lo habían llevado al poder.
A eso se sumaron conductas incompatibles con la dignidad de su investidura, como la celebración de un fastuoso cumpleaños en la residencia presidencial mientras millones de argentinos soportábamos severas restricciones sanitarias.
Su manejo de la pandemia merece un capítulo particularmente severo.
Las demoras y dificultades en la provisión de las vacunas adecuadas, mientras el Gobierno apostaba inicialmente por otros proveedores –algunos con oscuras credenciales–, suscitaron interrogantes sobre decisiones adoptadas cuando cada semana se perdían muchas vidas humanas.
La extravagante política de desacreditar vacunas y proveedores de demostrada eficacia y la ausencia de explicaciones sobre las oportunidades perdidas, las prioridades elegidas y las consecuencias de los retrasos todavía no han sido suficientemente aclaradas.
El escándalo del vacunatorio VIP agregó a aquella emergencia sanitaria una manifestación intolerable de privilegio.
Tampoco puede olvidarse su actitud frente a la Justicia.
Durante el juicio de la causa Vialidad , Fernández pronunció ominosas palabras sobre el fiscal Diego Luciani , a quien recordó públicamente la suerte corrida por Alberto Nisman .
El propio Luciani ha señalado que debió ejercer su tarea de defender los intereses generales de la sociedad frente a la corrupción mientras el poder político intentaba doblegar y colonizar otro poder del Estado.
La independencia judicial y la división de poderes no son preferencias partidarias: constituyen condiciones esenciales de la democracia.
Hoy Fernández enfrenta, además, graves procesos judiciales ; entre ellos, uno por denuncias de violencia contra su expareja.
Corresponderá a los tribunales establecer las responsabilidades penales.
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