Ni glamoroso ni experto en artes marciales: espió durante 18 años para la URSS y solo fue descubierto cuando lo delató su ex esposa
Cuando el 28 de agosto de 2014 John Anthony Walker murió de cáncer en el hospital penitenciario del Complejo Correccional Federal de Butner, en Carolina del Norte, desde Moscú su antiguo jefe directo en la estructura de la KGB, el general Boris Solomatin, lo despidió así: “Por mucho, el de John Walker fue el caso de espionaje más espectacular que manejé en Estados Unidos” .
El viejo rezident de la embajada soviética en Washington no exageraba, porque durante más de dos décadas manejó una red de espías en territorio enemigo y entregó una incontable de copias de documentos secretos sin que nadie sospechara de él.
Su captura tampoco podía considerarse un logro de la contrainteligencia estadounidense que sólo supo de su existencia y sus actividades cuando su exmujer lo denunció , resentida porque no le pasaba dinero.
El suboficial de la Marina John Walker, considerado todavía hoy como “el mayor traidor de la historia de Estados Unidos”, no se parecía en lo más mínimo a los agentes arriesgados, glamorosos, expertos en artes marciales y el uso de armas que protagonizan las novelas y las películas de espías.
Era un hombre prudente y gris , capaz de pasar inadvertido y enfocarse en su misión sin desviarse un paso.
Cuando lo descubrieron, en 1985, ya se había retirado de la Armada, cuyo uniforme visitó durante más de veinte años, y hacía 18 que espiaba para la KGB, primero solo y después mediante una red integrada por amigos , un antiguo colega de la fuerza y miembros de su propia familia.
En la conferencia de prensa donde anunció su detención, el secretario de Defensa Caspar Weinberg enumeró los daños que Walker había perpetrado a la seguridad nacional: su espionaje proporcionó a Moscú “acceso a armas, datos de sensores, tácticas navales, amenazas terroristas, entrenamiento, preparación y tácticas de superficie, submarinos y aerotransportados” , dijo.
No solo eso, la silenciosa e indetectable labor de Walker puso en evidencia la incapacidad del FBI y de otras agencias para descubrirlo.
Walker siempre había navegado en las oscuras aguas del espionaje sin ser captado por los radares.
Con los años, su caso se convirtió en materia de estudio en la Armada y en las agencias de seguridad nacional.
“Resulta esclarecedor repasar la historia de su red de espionaje naval, tanto por lo que revela sobre el espionaje versus la seguridad como por cómo pone de relieve las ambiciones y las debilidades en la base del espionaje”, sintetizó la Revista de Historia Naval del Instituto Naval de EE.
UU . en un artículo que lleva el contundente título de “La mayor traición de la Marina”.
Allí se repasan su carrera y la facilidad con que se convirtió, según The New York Times , en el artífice del “anillo de espionaje soviético más dañino de la historia”.
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