La banalización del trauma: los riesgos de desdramatizar la violencia sexual infantil
El fin de semana vi Moria , la serie sobre la vida de Moria Casán , y algo me produjo un revoltijo.
En realidad, fueron algunas escenas, pero me gustaría detenerme en una: “El secreto” , en la que devela haber sufrido violencia sexual cuando era una niña, por parte de su abuelo.
Moria relata: “Mi abuelo abusaba de mí.
Era una rutina muy sucia pero erotizante. ¿Sería algo normal? ¿Le pasaría a otras nenas también? Lo vivía con una mezcla de asco... y placer... secreto...”.
Y sostiene que aquello no le dejó “ningún trauma”.
Habla de desdramatizar las experiencias , de seguir adelante, de no quedar atrapada en lo vivido.
Es cierto que cada sobreviviente nombra su propia historia, le otorga un determinado sentido, la aloja.
Y cuando no la recuerda, la padece de la manera que puede soportar.
En una de las escenas, una interlocutora la interpela y se nota que fue medido por los guionistas por lo políticamente incorrecto de sus dichos.
Ella vuelve a decir, señalando su cuerpo, “acá no hay trauma”.
Mientras la escuchaba, pensaba en qué podía sentir alguien que todavía no alzó su voz .
Ese momento es tan complejo y esencial.
El mundo entero parece estar encima y no se sabe ni cómo ni a quién contárselo.
Muchas veces hasta cuesta inteligir qué es lo que realmente ha pasado.
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