Amnistía Internacional acusó a Irán de crímenes de lesa humanidad en la represión de 2022 y pidió investigar a 87 altos mandos del régimen
Amnistía Internacional concluyó en un informe que las autoridades iraníes cometieron crímenes de lesa humanidad para aplastar el levantamiento “Mujer, Vida, Libertad” de 2022 , y pidió que 87 altos funcionarios y mandos de seguridad sean investigados penalmente por su responsabilidad en la represión .
El informe, titulado Arquitectos de atrocidades: cómo la maquinaria estatal organizó crímenes de lesa humanidad en el levantamiento Mujer, Vida, Libertad de 2022 en Irán , tiene más de 1.000 páginas y se basa en entrevistas con 270 personas y el análisis de más de 2.000 videos y documentos oficiales , algunos de ellos filtrados.
La investigación documenta que las fuerzas de seguridad —principalmente la Guardia Revolucionaria iraní (IRGC) y la Jefatura de Policía (FARAJA)— mataron ilícitamente a centenares de manifestantes y transeúntes , entre ellos decenas de niños y niñas, y sometieron a miles de personas a detención arbitraria, tortura, desaparición forzada y violencia sexual.
Según el documento, estos actos se cometieron “como parte de un ataque generalizado y sistemático contra una población civil” y en cumplimiento de una política estatal diseñada para sofocar la disidencia.
El levantamiento estalló el 16 de septiembre de 2022, tras la muerte bajo custodia de Zhina Mahsa Amini , una joven kurda de 22 años, a manos de la policía “de la moral” iraní.
Según el informe, “cientos de miles de personas salieron pacíficamente a la calle para protestar contra decenios de represión, discriminación e impunidad”.
Los testimonios: “Parecía una zona de guerra” El informe recog e decenas de testimonios de sobrevivientes que describen escenas de violencia extrema .
Shahram, de la localidad de Yavanrud, en la provincia de Kermanshah, relató: “ Aquello parecía un campo de batalla .
Nos perseguían agentes uniformados de la Guardia Revolucionaria empuñando rifles de asalto Kalashnikov [...] No dejaban de disparar”.
Un relato similar ofreció Mahshid, manifestante de Mahabad, provincia de Azerbaiyán Occidental: “Nunca había visto escenas como aquellas [...] La situación daba mucho miedo, parecía una zona de guerra.
Las fuerzas de seguridad no hacían más que disparar.
No se apiadaban de nadie”.
En Sanandaj, provincia de Kurdistán, Iman describió disparos indiscriminados: “Los agentes disparaban a quien entrara en su campo de visión, daba igual que fueran mujeres, niños, niñas, transeúntes o manifestantes [...] Muchas personas resultaron heridas por perdigones de metal en las piernas, el cuerpo, el pecho y el rostro”.
Y Rojin, de Saqqez, también en Kurdistán, resumió la naturalización de la violencia: “Para las fuerzas de seguridad se convirtió en algo normal matar y herir a personas”.
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