La psicooncóloga Rebeca Salandra habla del acompañamiento desde el diagnóstico de cáncer de mama hasta el final del proceso
Rebeca Salandra , psicooncóloga y psicóloga de la salud , explicó que un diagnóstico de cáncer de mama provoca un impacto emocional que no equivale necesariamente a un trastorno psicológico, pero requiere acompañamiento desde la noticia inicial hasta el final del tratamiento o, según cada caso, el final de la vida.
La especialista, que lleva alrededor de 13 años, también coordinadora nacional de los psicólogos de Instituto Salvadoreño del Seguro Social (ISSS), trabajando con pacientes oncológicos, sostuvo que la atención debe combinar el conocimiento de la enfermedad con la evaluación individual de cada persona.
La primera asociación suele ser inmediata: “Tengo cáncer igual a muerte”.
En las madres, ese temor suele trasladarse a sus hijos y a la posibilidad de no poder cuidarlos, mientras que quienes tienen pareja piensan en su esposo y en el entorno familiar más cercano.
El cáncer de mama puede tener una alta posibilidad de curación si se detecta a tiempo, pero el miedo no desaparece automáticamente con esa información.
Salandra señaló a Infobae que la psicooncología busca educar a las pacientes sobre el tipo específico de tumor, los tratamientos indicados y las emociones que pueden surgir durante el proceso.
Alrededor del 40% de los pacientes puede desarrollar depresión, trastornos de ansiedad o dificultades de adaptación tras el diagnóstico.
Sin embargo, la reacción inicial de tristeza, incertidumbre o temor puede ser una respuesta normal frente a una amenaza para la salud y no implica por sí misma una enfermedad mental.
El impacto emocional de los cambios físicos La quimioterapia, la radioterapia, las intervenciones quirúrgicas y los controles frecuentes modifican la rutina y pueden afectar la imagen corporal.
La pérdida del cabello, el descenso de peso, una mastectomía o el uso de una prótesis no tienen el mismo significado para todas las mujeres, porque el impacto depende de la personalidad, la edad, la historia personal y el valor que cada paciente atribuye a su cuerpo.
“Todas las emociones que cada una de las personas vive son naturales y normales, son reacciones ante una amenaza”, afirmó Salandra.
La ansiedad puede aumentar al comienzo del tratamiento, cuando aparecen dudas sobre la quimioterapia, la radioterapia o la inmunoterapia y sus posibles efectos secundarios.
La pérdida del cabello puede convertirse en un recordatorio visible de la enfermedad.
Aunque vuelva a crecer, la especialista indicó que algunas pacientes atraviesan ese cambio como una pérdida relevante y necesitan despedirse simbólicamente de su cabello antes de que comience a caer.
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