2-2. Giuliano rescata un punto con diez
Madrid, 23 ago (EFE).- Giuliano Simeone surgió este domingo definitivo, como tantas otras veces en el Atlético de Madrid, para salvar un punto cuando el equipo rojiblanco se sentía contra las cuerdas, con un 1-2 en contra por dos penaltis anotados por el Villarreal y en inferioridad numérica, en el regreso de Julián Alvarez entre la bronca de sus aficionados.
Su disparo con la derecha supo entonces a victoria, entre la épica y el inconformismo del conjunto madrileño, que aún insistió en el triunfo y aún pudo perder, salvado por Oblak en los instantes finales, para saldar con igualada un partido contenido en el primer tiempo y en ebullición en la segunda parte, ya con Julián Alvarez llamado a la causa, después de su frustrado fichaje por el Barcelona que tanto ha marcado todo el verano.
Un 2-2 en proceso de evolución. El Atlético, por los condicionantes del Mundial 2026, al reencuentro de Julián Alvarez, a la espera del ‘Cuti’ Romero y a tener a todos en todas las condiciones para jugar todo lo que quiera Simeone. El Villarreal, por la nueva era que impulsa Íñigo Pérez, que transmite un equipo atrevido, preparado para competir contra cualquier rival. La pasada temporada quedó por delante del conjunto rojiblanco.
También se notan las alturas de temporada actuales. Todo está en nacimiento. Los mecanismos defensivos y ofensivos están en ajuste; la plenitud física es distante; el calor influye (el encuentro comenzó con 32 grados de temperatura) entre la carga y la influencia de la pretemporada tan reciente, la identidad está por labrarse y la competición está viva.
Las victorias son tiempo, tan fundamental lo primero como lo segundo. Ganar es paciencia. El partido surgió alegre. La transmite Kang in Lee, que desprende frescura y ambición en cada movimiento y en cada transición. También soltura. Juega y hace jugar, rompe líneas, desborda, aún inconstante, pero lejos del impacto del pasado miércoles, cuando su dimensión fue decisiva, como autor del gol que desató la victoria del Atlético.
Desde el fútbol entre líneas del surcoreano, el Atlético alcanzó altura en sus ataques en el primer tiempo. Le faltó profundidad. El rematador. Julián Alvarez, su mejor rematador, digería en el banquillo su retorno al Metropolitano. Hubo bronca cuando sonó su nombre por megafonía, cuando salió a calentar y cuando entró al terreno, ya en el minuto 66.
Sólo los goles, el compromiso o la inspiración cambiarán la indignación de muchos sectores de la grada con un futbolista que quiere irse al Barcelona, pero seguirá en el Atlético de Madrid, el lugar en el que eligió jugar desde hace dos años, se transformó en una figura inconfundible, como el jugador sobre el que sustentar el ataque y creer en que todo es posible. Las semifinales de la Liga de Campeones están ahí, hace tres meses.
El Atlético es menos Atlético sin él en el ataque, mientras lo recupera para una causa que debe ser suya también en este ejercicio.
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