La Argentina necesita una política hacia Brasil, no hacia Lula
En plena campaña electoral brasileña, el vínculo bilateral quedó reducido al nivel de encargados de negocios.
Brasil retiró a su embajador en Buenos Aires luego de que Javier Milei calificó a Lula da Silva de “ladrón” y “presidiario” en el lanzamiento de la candidatura de Flavio Bolsonaro; el embajador argentino dejó Brasilia días después.
Resulta tentador mirar hacia octubre y preguntarse quién conviene que gane.
Esa es, precisamente, la pregunta que deberíamos evitar.
La Argentina necesita una política hacia Brasil, no hacia Lula o su eventual sucesor.
Más allá de la distancia ideológica , Brasil ocupa un lugar demasiado estructural en la economía argentina como para que la relación dependa de la afinidad entre mandatarios.
La discusión no es nueva.
En 1982, tras años de rivalidad y desconfianza , Brasil encontró a una Argentina diplomáticamente aislada y, después de la derrota en Malvinas, particularmente vulnerable.
Podía aprovechar esa debilidad en asuntos bilaterales sensibles.
Itamaraty hizo lo contrario: mantuvo una neutralidad formal inclinada hacia la posición argentina, asumió la representación de los intereses argentinos en Londres y evitó convertir una ventaja coyuntural en presión bilateral.
Pocos años después llegaron Iguazú, la cooperación nuclear, el Programa de Integración y Cooperación Económica y el Mercosur.
La relación cambió cuando ambos dejaron de tratar cada coyuntura como una oportunidad para medir fuerzas.
Ese aprendizaje envejeció mejor que nuestra capacidad para aplicarlo.
Brasil fue el principal destino individual de las exportaciones argentinas en el primer semestre de 2026 Según el Indec , Brasil fue el principal destino individual de las exportaciones argentinas en el primer semestre de 2026: 12,6% del total.
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