Las señales de que estás regando mal tus plantas y cómo detectarlas
Regar las plantas parece una tarea muy sencilla, pero hacerlo siempre de la misma forma puede ser un error .
No todas las especies tienen las mismas necesidades de agua y, por eso, observar su aspecto y el estado del suelo resulta fundamental para saber si el riego está siendo adecuado.
Una de las claves para saber si se están regando mal las plantas está en evitar tanto la falta de agua como el exceso de esta.
Regar poco y con demasiada frecuencia puede impedir que la humedad llegue a las raíces, mientras que mantener el sustrato permanentemente empapado puede favorecer problemas relacionados con la falta de oxígeno y la aparición de enfermedades.
La propia planta da pistas que permiten detectar estos errores antes de que las consecuencias sean mayores.
Desde una capa de tierra dura y agrietada hasta unas raíces que aparecen en la superficie, pasando por hojas amarillentas, flores que se secan antes de abrirse o un marchitamiento que desaparece durante la noche, existen seis señales que pueden revelar que la forma de regar no es la correcta.
Por ello, es muy importante identificarlas para ajustar los aportes de agua y evitar así que las plantas sufran.
Una tierra demasiado seca o unas raíces que buscan agua La primera señal es la aparición de una costra dura y agrietada en la superficie de la tierra, que puede aparecer tanto en las macetas del balcón o la terraza como en el huerto o en las plantas de interior.
Esto suele indicar que se riega con frecuencia, pero utilizando cantidades demasiado pequeñas .
De esta manera, solo se humedecen los primeros centímetros y el agua no alcanza las zonas más profundas.
Con el calor, la superficie termina formando una capa prácticamente impermeable.
En las plantas cultivadas en maceta , el agua puede deslizarse incluso por las paredes interiores del recipiente y salir rápidamente por los agujeros de drenaje sin llegar a hidratar correctamente el cepellón.
En el huerto, la costra puede disfrutar que germinen adecuadamente pequeños cultivos como las lechugas o los rábanos, mientras que en los parterres el agua puede escurrirse en lugar de infiltrarse.
Para corregirlo, es recomendable espaciar los riegos y aportar una mayor cantidad de agua, complementando la práctica con un buen acolchado para conservar la humedad.
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