En el 2020, Phoenix cubrió 58 km de carretera con un revestimiento gris claro y reflectante para combatir el calor extremo: la temperatura del asfalto bajó 7 ºC, pero creó un efecto rebote sobre los peatones
El programa piloto de la ciudad de Phoenix y la Universidad Estatal de Arizona logró reducir drásticamente el impacto térmico en las carreteras, pero los sensores demostraron que la radiación solar rebotaba directamente hacia el cuerpo de quienes caminaban por la zona.
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