Del combate mediático al ajedrez electoral por el 51%
El tablero para el año próximo se mueve a pasos agigantados.
Con la premisa de no soltar ni por un segundo el cumplimiento del déficit cero, los ministros del Gabinete recibieron la orden de salir a defender la gestión y pensar, como en el caso del financiamiento a los bancos para que aceleren el otorgamiento de créditos hipotecarios, medidas dirigidas para una clase media golpeada.
Ni inflación, ni emisión: “ Convicción e inteligencia ” , así le definió un funcionario del Gobierno a esta periodista el tono del mensaje recibido.
En el corazón del poder conviven hoy dos planos de la realidad : por un lado, la gestión cotidiana y la interna constante, a veces acallada por conveniencia pero nunca extinta , entre la arquitectura estratégica y de comunicación que orbita alrededor de Santiago Caputo y el filtro omnipresente y determinante de Karina Milei.
Por el otro, la psicología de un Presidente que mantiene su dogma inalterable : pragmático hasta la médula para cualquier negociación de supervivencia, pero tajante, doctrinario y refractario cuando se trata de su relación con el ecosistema periodístico y los contrapesos tradicionales.
Javier Milei concibe la relación con la prensa desde una paradoja originaria que define su identidad política .
Nació y se crió como un producto de alto impacto del prime time televisivo, pero construyó su épica anti-sistema convirtiendo a los medios de comunicación en la personificación perfecta del sesgo “casta”.
Durante el primer tramo de la gestión, la pirotecnia verbal contra el periodismo tradicional funcionó como un eficiente catalizador de la indignación popular : el electorado compró el espectáculo de la confrontación directa y la desacreditación de los intermediarios.
Sin embargo, en la dinámica actual, cuando la efectividad del combate mediático empieza a mostrar signos evidentes de desgaste natural y el termómetro social demanda explicaciones técnicas o certidumbres económicas en lugar de estocadas retóricas, las costuras del dispositivo comunicacional oficial se ven.
Es en esa grieta en la que se debaten los ruidos de la vocería y las fricciones de la mesa chica.
La incorporación de perfiles técnicos y vocación explicativa intentó maquillar el estilo agresivo de la etapa inicial , buscando mutar de la ironía corrosiva a la explicación didáctica.
Hoy existe una tensión entre el deseo de responderlo todo, por parte de algunos funcionarios, que terminan convirtiendo las conferencias de prensa en clases de filosofía económica e inclusive a veces meten al Gobierno en berenjenales comunicacionales innecesarios (como el del dólar a $1.800), y la imperiosa necesidad política de mantener abiertas las vías de diálogo formal con los distintos actores.
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