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El 9 de abril de 1940, la Familia Real noruega escuchó a través de la estación oficial de radio NRK (Norwegian Broadcasting Corporation) el ultimátum de nazi: “Capitulen o sufrirán las consecuencias”, fue el mensaje del embajador alemán Curt Bräuer.
Breve y contundente.
Las tropas del Tercer Reich habían invadido el país de forma sorpresiva, por aire y mar, esa mañana.
Al día siguiente, Bräuer se reunió con el rey Haakon VII.
Lo intimó a detener a la resistencia y amenazó con endurecer las condiciones de paz sobre Noruega si no había una rendición.
La respuesta del soberano fue terminante: no aceptaría ningún chantaje.
Y le advirtió al embajador alemán que semejante descaro costaría caro al gobierno alemán.
Haakon VII se reunió con su gabinete en Nybergsund, comentó los términos propuestos por los nazis en su ultimátum y fijó posición: jamás se rendiría ante Hitler.
Sin embargo, respetuoso de las instituciones, dejó la decisión final a su gabinete.
Pero antes de marcharse advirtió que si los ministros se inclinaban a favor de la rendición, él abdicaría a su trono, abandonaría el país para crear una fuerza en el exilio y regresaría para derrotar a los nazis.
El gobierno por unanimidad apoyó a Haakon VII.
La decisión fue transmitida al embajador alemán Bräuer por teléfono.
Luego, a través de la radio NRK, se informó a la población el rechazo al ultimátum nazi.
El rey instó a continuar la resistencia armada “hasta donde fuese posible” y reiteró su confianza en el pueblo.
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