La nueva era espacial dispara la basura en órbita y la huella ambiental en la Tierra
Alejandra Arredondo y Hugo Barcia Austin/Miami (EE.UU.), 24 ago (EFE).- La nueva era de la exploración espacial ha desatado un ritmo récord de lanzamientos en Estados Unidos, pero también una huella ambiental sin precedentes que ya deja secuelas en el planeta y en la Luna, mientras la NASA y la industria privada tratan de mitigarla.
El impacto de la etapa superior de un cohete Falcon 9 de SpaceX en la superficie lunar el pasado 5 de agosto es el ejemplo más claro de que las misiones espaciales deben tener en cuenta qué ocurrirá con sus desechos una vez completadas.
A esto se suma el rescate fallido del telescopio orbital Swift este mismo mes, que se desintegrará a finales de este año tras reingresar en la atmósfera terrestre, en lo que supone un nuevo episodio de basura espacial.
Según datos de la NASA, más de 25.000 objetos de más de 10 centímetros orbitan actualmente la Tierra, una cifra que alcanza el medio millón para las partículas de entre 1 y 10 centímetros de diámetro, y que supera los 100 millones si se tienen en cuenta todas aquellas de más de un milímetro.
En total, la agencia espacial estadounidense calcula que la basura espacial ya supera las 9.000 toneladas.
El principal problema de esta cantidad de residuos es la velocidad descomunal a la que orbitan la Tierra, lo que amenaza con impactar en satélites operativos y, en un hipotético escenario denominado 'síndrome de Kessler', provocar una reacción en cadena de colisiones que genere miles de nuevos fragmentos.
La falta de una regulación internacional vinculante para limpiar la órbita y el elevado coste técnico de retirar objetos obsoletos han provocado que la acumulación crezca a un ritmo mucho mayor que las soluciones para frenarla.
No obstante, el administrador de la NASA, Jared Isaacman, lanzó recientemente un mensaje de tranquilidad, asegurando que se ha realizado "un gran progreso" en la gestión de los residuos de misiones espaciales.
"Antes, la norma era desechar todos los cohetes en el océano.
Ahora hemos visto cómo en los últimos años SpaceX ha recuperado más de 600 de sus propulsores, y Blue Origin ha hecho lo mismo con el New Glenn", dijo Isaacman en declaraciones a Fox News.
La reutilización es precisamente el principal objetivo del desarrollo de Starship, el cohete reutilizable de SpaceX con el que la NASA confía en establecer una presencia humana permanente en la Luna en los próximos años dentro de su programa Artemis.
Pero para conseguir estos avances y extender su hegemonía en el espacio, la compañía fundada por Elon Musk efectúa lanzamientos casi semanales desde California, Florida y Texas.
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