Christopher Nolan, un director alérgico a la diversión
Con toda razón periodística, se ha hablado mucho de La Odisea, el film de Christopher Nolan basado en el poema épico de Homero.
Hay toda clase de notas: celebratorias, condenatorias y de redactores de las más diversas especialidades.
Nada mal para una película: en tiempos donde no se sabe si las salas existirán mucho más o no, que un film genere ganas de opinar y curiosidad sobre el cine o sobre la literatura o sobre los mitos griegos es loable.
Eso sí, se habla poco de Christopher Nolan.
O, mejor dicho, se lo menciona, se lo aplaude o critica por defecto.
“Es un gran técnico que no sabe cómo generar emoción”, es una frase más o menos repetida en reseñas.
También “es un genio que logró un tanque de taquilla con un poema de 3000 años”.
Pero, quizás sea hora de ver el cómo y el qué de Nolan.
Que es, para muchos, el autor central del Hollywood de hoy.
Nolan es, en forma loable, un realizador ambicioso.
Sea porque sus películas abordan ideas o temas gigantescos ( Oppenheimer, Dunkerque, La Odisea, Interestelar ); sea porque ponen a prueba un método narrativo riesgoso ( Memento, Tenet, El Origen ); sea porque toman una historia o un mundo previamente existente y buscan mostrarlo de un modo nuevo.
Es lo que sucede con la obvia La Odisea , El gran truco (adaptación de una gran novela de Christopher Priest), con la trilogía de Batman y de manera un poco menos notable en su remake de la película sueca Insomnia (con su excelente opera prima Following , el título menos recordado y “conseguible” en plataformas).
Por supuesto hay cruces, pero lo que es más notable en el realizador son dos elementos.
El primero, que la “idea” está por encima de la realización.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación Espectáculos.