El secreto bajo el hielo de la Antártida: descubren restos de montañas que oxigenaron el planeta y favorecieron la vida animal
Bajo el hielo de la Antártida yacen las raíces de montañas colosales, comparables en escala a el Himalaya , que hace entre 650 y 450 millones de años dominaron la superficie del planeta.
Su erosión liberó toneladas de nutrientes al océano, disparó la producción de oxígeno atmosférico y preparó el terreno para uno de los eventos más decisivos en la historia de la vida: la explosión cámbrica , el período en que la diversidad animal se multiplicó de forma acelerada.
El estudio que sostiene esta hipótesis fue publicado en la revista Earth and Planetary Science Letters .
Propone que la clave para entender tanto el aumento de oxígeno como el surgimiento de los animales complejos está sepultada bajo kilómetros de hielo en el continente más austral del planeta.
Una pista bajo el hielo para entender el explosión cámbrica Gondwana fue un supercontinente que existió entre aproximadamente 600 y 180 millones de años atrás, formado por los territorios que hoy corresponden a América del Sur, África, Arabia, Madagascar, India, Australia, Nueva Zelanda y la Antártida.
Su formación no fue un evento único, sino una serie de colisiones sucesivas entre grandes masas continentales a lo largo de al menos 200 millones de años.
Cada vez que dos continentes chocaban, la corteza terrestre se comprimía y se elevaba, del mismo modo en que hoy la colisión entre India y Asia produce la cordillera del Himalaya.
Esas colisiones generaron cadenas montañosas de escala comparable o superior a las actuales, que luego fueron desgastadas por el viento, el agua y el hielo, y sus materiales arrastrados hacia los océanos.
Algunas de estas elevaciones se encontraron en lo que hoy en día es Antártida .
El núcleo del estudio es el análisis de circones detríticos extraídos de sedimentos del margen continental antártico.
Se trata de cristales minerales extremadamente duros que se forman en las rocas ígneas y metamórficas (las que surgen del calor y la presión del interior terrestre) y tienen la particularidad de sobrevivir intactos a la erosión y al transporte.
Esa resistencia los convierte en una especie de cápsula del tiempo geológico: al analizar su composición química es posible determinar cuándo y dónde se formaron las rocas de las que provienen.
Para eso, emplearon una técnica que consiste en disparar un láser sobre el grano de circón para vaporizar una pequeña porción y medir con precisión la proporción entre el uranio y el plomo que contiene.
Estos elementos se transforman uno en el otro a una velocidad conocida y constante, lo que permite calcular la edad del cristal.
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