Milei se pone al frente de su batalla cultural: la intimidad de un Gobierno que admite el descontento social
Las poquísimas personas que penetran en la intimidad del presidente y que lo conocen en su faceta más privada -desde su hermana Karina hasta figuras como Lilia Lemoine o Sandra Pettovello - lo saben bien: Javier Milei tiene momentos en los que prefiere aislarse de todo, estar solo.
Es, frecuentemente, un ermitaño que no tendría problema de mantenerse lejos de la vida en sociedad.
Eso explica, en parte, por qué dosifica al máximo las caminatas proselitistas en campaña, por qué pasa largas horas en los hoteles durante los viajes oficiales, y por qué insiste en que su futuro está en el campo, con sus perros y sus libros.
“Tiene ciclos.
Hay momentos donde se mete muy para adentro , incluso con aquellos que somos su ‘adentro’”, cuenta alguien que lo conoce a la perfección.
Esa faceta explica también los nueve días en los que Milei permaneció sin agenda pública, con la red social X como única ventana al mundo.
Recibió a ministros y a economistas en Olivos, pero no salió de allí.
Rompió el aislamiento el lunes para el acto oficial por el aniversario del paso a la inmortalidad de José de San Martín .
Allí dejó una frase muy profunda: “Si la libertad no muestra sus frutos, que son el bienestar y la prosperidad económica, la ciudadanía se olvida de su valor” .
El mensaje habla de cómo él analiza el momento crítico que está atravesando su Gobierno.
Da cuenta de que Milei tomó nota del descontento que exhiben las encuestas.
Bajo la óptica del Presidente hay dos caminos posibles.
Podría recuperar el apoyo popular a su proyecto (con un tímido repunte del poder adquisitivo que renueve la tolerancia social) o podría terminar su estadía en la Casa Rosada como un gran incomprendido.
Puede ganar o puede perder en 2027.
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