En fotos: el mar le enseñó a nadar, la tabla le dio un oficio y Punta Roca encontró en el Piry a su guardián silencioso
Luis “el Piry” lleva más de dos décadas devolviendo vida a las tablas de surf que el mar de Punta Roca rompe y desgasta.
Su taller, enclavado en el Puerto de La Libertad, es una de las pocas piezas que conectan la identidad original de esa costa con el fenómeno global y turístico que hoy la rodea.
Creció en el Puerto de La Libertad con el Pacífico como patio trasero.
A los 12 años se subió a una tabla por primera vez y algo en él se acomodó en su lugar definitivo.
No fue una afición: fue un reconocimiento.
Desde ese momento supo que quería estar cerca del agua.
No como turista, no como espectador.
Como parte de lo que el mar hace todos los días.
Cuando ya no bastaba con surfear, encontró otra manera de no alejarse.
Desde 2003 restaura tablas de surf como su sustento y su oficio.
Cada tabla que pasa por sus manos tiene historia: golpes contra el arrecife de piedra de Punta Roca, caídas en el Graveyard, la sección más brava de la ola o el simple desgaste de quienes le han sacado el mejor partido.
Luis conoce esas marcas mejor que nadie.
Las lee, las repara y las devuelve al agua.
La Punta que el mundo ahora conoce Punta Roca lleva décadas en el radar del surf mundial.
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