El final de la final fue un papelón, pero ahora ¿quién sanciona a la FIFA?
La bandera de las Malvinas le costó a la AFA 30 mil dólares.
Lejos quedaron aquellas exclamaciones que valoraban la posibilidad de una sanción que, dijo algún experto en mentiras, podía incluso eliminar a la selección argentina del Mundial, justo cuando se había clasificado para jugar la final.
Visto en perspectiva, el episodio tiene un valor simbólico que excede largamente la multa que la FIFA aplicó por el incumplimiento del artículo 13, apartado 2 c): “Servirse de un evento deportivo para realizar manifestaciones de índole distinta a la deportiva”.
Aquella reivindicación nacionalista urdida por unos amigos de Thiago Almada y ondeada por los jugadores en los festejos del triunfo ante Inglaterra en Atlanta marcaron el éxtasis argentino en el Mundial.
Nada de lo que vendría después se acercaría aunque sea un poco a ese momento.
Porque en ese instante, la argentinidad vibró más alto que nunca.
Allá y acá.
La noción se agiganta todavía más ahora que el Mundial vuelve a ocupar el centro de la escena por las múltiples sanciones que la FIFA le aplicó a la AFA por los incidentes generados luego del partido ante España.
Pero si el final de la final no borró la grandeza del largo viaje de la selección por todo Estados Unidos -aunque sí le agregó una mancha-, el comunicado oficial distribuido este viernes abunda en virulencia y contradicciones.
Porque es la misma FIFA que castigó a la AFA por “los cánticos y gestos discriminatorios de sus aficionados” la que redujo a la selección de Irán a un tratamiento vergonzoso durante su estadía en la competición.
La obligó a vivir en México y a salir de Estados Unidos para volver a su base después de cada partido, por más que el reloj marcara las dos de la mañana y el sentido común indicara dormir en un hotel cercano. ¿No hubo en ese accionar un comportamiento discriminatorio contra la delegación de una selección? ¿O todo se explica porque casualmente se trataba de un enemigo del huésped? Es la misma FIFA que fue extremadamente implacable con Paredes y Molina -cuyas conductas son reprochables, por supuesto- la que en pleno campeonato volvió atrás con la sanción a Balogún -delantero de la selección local- justo después de que Trump llamara a Infantino para pedirle que perdonara a su jugador, pese a que “no conocía las reglas del fútbol”, como reconoció.
La pregunta, entonces, es otra: ¿quién sanciona al que sanciona? La respuesta quizás se esté fabricando en estas semanas.
En la que termina, por ejemplo, se supo que las confederaciones de Europa -que encabeza la oposición-, Asia y Concacaf analizan moverse en bloque para impedir la reelección de Infantino como presidente cuando el asunto se dirima, en marzo, en el Congreso anual de la FIFA.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.lanacion.com.ar — el contenido pertenece a La Nación.