Cristales de roca pulidos, invocaciones y sales de cobre: así se enfrentaba a la miopía en el antiguo Egipto
La miopía existió en el antiguo Egipto , pero los médicos del Nilo no disponían de los medios para corregirla.
Quienes veían mal de lejos podían reconocer su dificultad para distinguir objetos lejanos, pero ni ellos ni los especialistas que los atendían tenían una explicación óptica para ese fenómeno, y mucho menos un tratamiento capaz de resolverlo.
Las fuentes históricas conservadas revelan que la medicina egipcia desarrolló tratamientos para numerosas enfermedades oculares, pero no identificó con claridad los defectos de refracción.
Esa diferencia importa porque permite distinguir entre una práctica médica sofisticada para aliviar afecciones del ojo y la imposibilidad de corregir la miopía.
Las fuentes históricas conservadas —entre ellas el Papiro Ebers, datado hacia mediados del siglo XVI a.C.— revelan que la medicina egipcia alcanzó un nivel de sofisticación considerable en materia de enfermedades oculares.
Ese documento, junto con el Papiro de Londres , el Papiro Hearst y los Papiros del Ramesseum , recoge un extenso repertorio de recetas y procedimientos destinados a combatir inflamaciones, secreciones, úlceras, lagrimeo y otras dolencias del ojo.
Los tratamientos combinaban sustancias como miel, resinas vegetales, malaquita, ocre, sales de cobre y grasas animales con fórmulas rituales e invocaciones a divinidades.
Según señaló el oftalmólogo danés S.
Ry Andersen en su estudio “El ojo y sus enfermedades en el antiguo Egipto” (1997) , publicado en la revista Acta Ophthalmologica Scandinavica , los médicos egipcios habían acumulado un conocimiento clínico notable sobre diversas patologías, aunque advirtió que era necesario ser cauto al valorar la eficacia real de aquellos remedios.
Algunas sustancias usadas sí tenían efectos comprobados: la miel, por ejemplo, posee propiedades antimicrobianas que la ciencia moderna ha podido confirmar.
Las condiciones climáticas del valle del Nilo —el polvo, la arena, la sequedad del ambiente y la proliferación de infecciones bacterianas— hacían que las dolencias oculares fueran especialmente frecuentes entre la población.
Entre ellas se encontraba el tracoma, provocado por la bacteria Chlamydia trachomatis , que todavía en la actualidad puede provocar lesiones graves y ceguera en varias regiones del mundo.
Qué sabían los egipcios sobre la miopía Tratar una infección no equivale a comprender el funcionamiento de la visión.
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