La inteligencia artificial no deja afuera a los mayores de 60: el verdadero riesgo es dejar de aprender
Durante años, el mercado laboral instaló una idea difícil de desterrar: cuanto mayor es una persona, menor es su capacidad para adaptarse a los cambios.
La irrupción de la inteligencia artificial parece haber profundizado ese prejuicio .
Los jóvenes serían los mejor preparados para el futuro del trabajo y la Generación Silver estaría condenada a perder protagonismo.
Pero esa mirada desconoce algo fundamental: la capacidad de aprender no tiene edad.
Hay profesionales de 35 años resistentes al cambio y personas de 65 que incorporan nuevas tecnologías con curiosidad y naturalidad.
Lo que determina la vigencia laboral no es la fecha de nacimiento, sino la mentalidad , la flexibilidad y la disposición a seguir aprendiendo.
Tampoco alcanza con saber utilizar ChatGPT.
Redactar un correo o resumir un documento con inteligencia artificial no significa haber comprendido su verdadero potencial.
El cambio profundo ocurre cuando la tecnología permite transformar procesos, mejorar decisiones y liberar tiempo para actividades de mayor valor.
La llegada de los agentes de inteligencia artificial, capaces de ejecutar tareas e interactuar con distintos sistemas, profundiza esta transformación.
Y abre una paradoja: cuanto más puede hacer la tecnología, más importante puede resultar la experiencia humana para interpretar resultados, anticipar riesgos y tomar decisiones responsables.
La experiencia que las empresas no pueden perder En algunas industrias argentinas, el valor de los profesionales experimentados es particularmente evidente.
En empresas mineras que conozco, la edad promedio ronda los 47 años.
Son actividades donde el conocimiento operativo, la anticipación de riesgos y la experiencia acumulada resultan fundamentales.
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