Manuel Costiña, chef Michelin: “Nunca compres caldo de pollo. Normalmente todo es agua, sal y aroma de pollo”
No hay nada como el aroma profundo y reconfortante de un buen caldo de pollo casero.
Este caldo, sencillo pero elegante, es la base que transforma cualquier plato y resucita hasta el ánimo más cansado.
Su sabor limpio y su textura ligera lo convierten en un imprescindible, tanto solo como en sopas y guisos.
La versión del chef gallego Manuel Costiña, premiado con dos estrellas Michelin y dos soles Repsol, es una oda a la cocina tradicional española.
El secreto: pocos ingredientes, técnicas básicas y ese toque personal de asado y rehogado que potencia los jugos del pollo y las verduras.
Marida perfectamente con pan gallego crujiente o como fondo para arroces y guisos.
Como afirma el propio Costiña: “Nunca compres caldo de pollo.
En su lugar, hazlo en casa y te explico el porqué.
Coge un brick de caldo de pollo y mira los ingredientes.
Pone caldo de pollo, pero no te dice cuánto pollo lleva.
Normalmente, todo es agua, sal y aroma de pollo.
Aparte, está mucho más diluido que uno hecho en casa.
Por eso nunca cuaja y nunca gelifica.
En cambio, un caldo de verdad se queda tembloroso como una gelatina cuando lo metes en la nevera.
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