En medio de la fuerte tensión diplomática, Estados Unidos y Brasil se enfrentan por la designación de un funcionario clave en la OEA
La administración Donald Trump y el gobierno de Lula da Silva chocan en la OEA por la metodología para designar al próximo relator especial para la libertad de expresión, que funciona bajo competencia la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) .
Estados Unidos no cuestiona la independencia de la CIDH y respeta su prestigio institucional , pero tiene profundas dudas respecto al procedimiento que está utilizando para designar al futuro relator que promueve y protege la libertad de pensamiento y expresión en América Latina.
En este contexto, la representación diplomática de Estados Unidos en la OEA propuso que se analice en el Comité Permanente de la OEA cómo la CIDH designa al relator especial para la libertad de expresión.
Benoni Belli -embajador de Brasil en la OEA- rechazó la iniciativa de la Casa Blanca con un discurso que exhibe las diferencias políticas e ideológicas entre Lula y Trump.
“Se trata de un claro intento de interferencia en la autonomía e independencia de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, al pretender cuestionar criterios de un proceso selectivo en curso, cuando inclusive ya se encuentra publicada la lista de finalistas.
Y teniendo en cuenta que los criterios son los mismos desde hace 20 años y son conocidos por todos”, sostuvo Belli.
Y completó: “Intentar cambiar las reglas del juego cuando el juego está en curso no es solo contrario al Estado de derecho y a la seguridad jurídica; constituye igualmente una injerencia indebida en los trabajos de un órgano independiente de protección y promoción de los derechos humanos .
Lo que nos parece intolerable por crear un peligroso precedente que tiende a minar los cimientos del Sistema Interamericano de Derechos Humanos”.
Belli es un hábil diplomático que conoce las reglas de juego en la OEA, y pidió una votación en el Comité Permanente para determinar si se debatía la propuesta de Estados Unidos, que no cuestionaba la independencia e integridad de la CIDH.
Fue derrota para la administración Trump: necesitaba 18 votos para validar su proyecto y sólo obtuvo 15.
Aliados regionales de la Casa Blanca, como Bolivia, Panamá y Surinam se abstuvieron y de esta manera beneficiaron a Brasil , que fue respaldado sin objeciones por México y Uruguay.
La CIDH se había preparado por el debate, y ante la jugada sorpresiva de Brasil, optó por enviar una carta a todos los representantes de la OEA para defender su método al momento de la designación del próximo relator especial para la Libertad de Expresión (RELE).
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