La voz de una generación que se volvió productor de leyendas
MADRID.- El día de esta entrevista con Alejo Stivel coincide con una efeméride que aparece de inmediato durante la conversación, en el departamento donde el músico vive desde hace casi medio siglo, cerca del Parque de Berlín, en esta ciudad.
Llegó allí junto a su madre, la actriz y docente teatral Zulema Katz, pocas semanas después de abandonar la Argentina, en 1976 .
Nunca volvió a mudarse.
Hoy comparte esa casa con dos gatas, conserva cientos de vinilos que cruzaron el Atlántico en un baúl y mantiene viva una memoria que, inevitablemente, vuelve una y otra vez sobre aquellos años.
Paco Urondo -de cuyo asesinato justamente se cumplieron 50 años en la fecha de esta charla- ocupa un lugar central en esa historia: no solo fue un reconocido poeta y periodista argentino del siglo XX, sino el hombre que crió a Stivel desde que tenía apenas un año y medio.
“Mis padres se separaron antes de mi nacimiento, y él fue más mi padre que mi propio padre biológico”, afirma sin vacilar.
La casa en la que creció en Buenos Aires era un territorio donde convivían literatura, teatro, política y música.
Zulema Katz pertenecía a una generación que entendía la cultura como una forma de intervenir en la vida pública.
Escritores, actores, periodistas y músicos entraban y salían de allí con naturalidad.
Hablar de libros o de política era tan cotidiano como sentarse a comer.
“Paco me despertó la curiosidad política.
Era un tipo con una gran sensibilidad social por el sufrimiento de los desfavorecidos, pero también era una persona divertidísima.
Crecí creyendo que conversar sobre literatura, teatro o música a una edad muy temprana era lo más normal del mundo ”, sostiene Stivel.
Esa formación cultural, atravesada por la poesía, el teatro y la música latinoamericana, sigue apareciendo medio siglo después de maneras inesperadas.
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