El último, centenario y truculento viaje de Ildefons Cerdà, el autor de Barcelona
El balneario de Las Caldas de Besaya, en Cantabria, no tiene ni un solo octógono en su arquitectura.
Alzado como balneario en 1826, en 1865 pasó a tener un hotel adjunto, haciendo de la toma de aguas algo más que un tratamiento médico, sino recreacional.
La propia reina de España, Isabel II , disfrutó del establecimiento.
Tanto que hasta se llevó la bañera en la que se bañó.
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