Cuando en Pontevedra se 'toreaban' delfines
A mediados del siglo XIX, las fiestas de la Peregrina de Pontevedra llegaron a incluir un espectáculo de lidia que hoy es difícil imaginar.
No había ruedo ni tampoco toros; la 'plaza' era la ría y los animales, delfines.
Aprovechando la pleamar, los pescadores empujaban las manadas de cetáceos hacia el fondo de la ría y, a la altura de A Moureira y As Corbaceiras, desplegaban una red de esparto hasta la orilla de Poio.
Así quedaban encerrados.
Después esperaban a que bajase el agua, y entonces comenzaba lo que se conocía como una «corrida de arroaces», convertida durante el siglo XIX en una atracción de las celebraciones pontevedresas.
Es una escena que documenta en detalle el historiador Felipe Valdés Hansen, del Instituto de Estudios Gallegos Padre Sarmiento, en su investigación sobre la persecución de los delfines en Galicia entre los siglos XIII y XX.
En aquella época, las matanzas que describe habían acabado por deportivizarse; pero, en su origen, las batidas respondían a una cuestión práctica.
Durante siglos los delfines fueron competidores directos de los pescadores porque ahuyentaban los bancos de peces y, sobre todo, atacaban las capturas atrapadas en los aparejos hasta destrozar las redes, obligándolos a interrumpir la faena y regresar a tierra para repararlas.Casi cien años antes, en el siglo XVIII, fray Martín Sarmiento ya había dedicado varias cartas al problema y proponía métodos para acabar con las manadas de la ría de Pontevedra.
Su planteamiento consistía en cercarlas con redes y embarcaciones y atacarlas después con «dardos, arpones, escopetas» o lanzas.
Incluso defendía que, al igual que se cazaban ballenas, podían pescarse los arroaces y aprovechar después su grasa para sufragar los gastos de la operación.
Ideas, estas, que partían de creencias probadas falsas hoy en día, como que los animales sufrían una ceguera temporal en ciertos momentos del año que facilitaría su captura.
Fue durante el s.
XIX que aquellas medidas para controlar su población degeneraron en un 'show' de masas.
El poeta local José Benito Amado dejó en verso una descripción de la fiesta: una red atravesaba la ría mientras bocinas y trompetas acompañaban el encierro y las chalupas se acercaban cargadas de arpones.
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