Sánchez agradece la “serenidad” de los ceutíes mientras crece la presión por el papel de Rabat
Pedro Sánchez ha elegido la vía de la empatía para encarar el Día de Ceuta, una fecha que este año tiene poco de festiva para su población.
Con la ciudad todavía encajando el golpe de la avalancha migratoria de finales de julio y la tensione en sus calles a flor de piel, el presidente del Gobierno ha optado por un mensaje de arropamiento y de autocrítica.
Ha reconocido que, mientras no se recupere la normalidad, para una parte de los ceutíes la respuesta del Estado sigue siendo insuficiente.
Y lo ha hecho apenas 24 horas después de que el Consejo de Ministros haya dado luz verde a un balón de oxígeno financiero de 309 millones de euros.
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