Una mochila de actualización esencial para el complejo viaje de la empleabilidad
La formación de posgrado tiene un papel central en la estrategia profesional tanto de los jóvenes como de los trabajadores en activo.
Los estudiantes buscan adquirir nuevas competencias, especializarse y conseguir contactos profesionales.
Y este tipo de formación adquiere un mayor valor cuando conlleva también tener más oportunidades laborales y mejor empleabilidad.
Estudios e informes corroboran esta realidad y hay un creciente interés por seguir la formación más allá del grado.
Una formación que ayuda igualmente a acceder a un empleo de calidad, progresar profesionalmente o abrirse a nuevas oportunidades.Todo ello en un contexto laboral cambiante y en el que existen muchas incógnitas.
Según resalta Màrius Domínguez, vicerrector de Formación Permanente y Profesional de la Universitat de Barcelona, la formación de posgrado cumple un doble objetivo. «En primer lugar, contribuye a mejorar la empleabilidad y la competitividad profesional.
Para los jóvenes, el posgrado permite incidir y profundizar en un ámbito de especialización y mejorar su empleabilidad en mercados laborales cada vez más competitivos», resalta.
Las titulaciones universitarias en muchísimas ocasiones necesitan complementarse con conocimientos avanzados, capacidades transversales y una elevada adaptación al cambio.
Por su parte, «para los profesionales en activo la formación de posgrado se ha convertido en una herramienta estratégica de desarrollo profesional», añade.
Permite actualizar competencias, adquirir nuevas capacidades, reorientar carreras profesionales y responder a las necesidades emergentes de sectores en constante evolución. «Cada vez es más frecuente que una persona vuelva a la universidad en distintos momentos de su vida laboral para complementar o renovar su perfil profesional», señala Domínguez.
Así pues, la formación de posgrado ha dejado de ser el último paso de la formación universitaria «para convertirse en una herramienta permanente de actualización y crecimiento profesional a lo largo de toda la vida».
Retos crecientesIndica además que las universidades han realizado un importante esfuerzo para afrontar los nuevos retos y responder a nuevas necesidades formativas derivadas de la transformación tecnológica, económica y social. «La expansión de la formación de posgrado, la incorporación de nuevas especialidades y el desarrollo reciente de las microcredenciales son claros ejemplos», matiza.
No obstante, desde la Universitat de Barcelona entienden que la universidad tiene la responsabilidad de anticipar tendencias, identificar competencias emergentes y preparar a las personas para escenarios profesionales que están en construcción.
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