Raphael, el niño de la posguerra que se convirtió en icono mundial: su vida de contrastes, de Franco a la URSS
Ha sobrevivido a la pobreza de la posguerra, a las tentaciones de la fama, a las adicciones, a los espías rusos y a graves problemas de salud como una cirrosis y un linfoma cerebral . Y, aun así, sigue en pie, sobre los escenarios, con la misma voz que lo llevó de Linares a Las Vegas, Moscú o el Royal Albert Hall.
Este viernes, 9 de octubre, Netflix ha estrenado Aquel , la serie biográfica de ocho episodios que desgrana las luces y las sombras del cantante Raphael (83 años), desde sus orígenes humildes hasta convertirse en una de las mayores estrellas de la música.
No hay nada que el intérprete esquive sobre su vida. Raphael ha participado activamente en el proyecto y ha asegurado que se trata de un retrato íntimo y "sin filtros" .
Los primeros minutos no dejan lugar a dudas. La serie no viene a contar una versión edulcorada de su vida . La ficción abre con un Raphael maduro (interpretado por Javier Morgade) desplomándose en mitad de un concierto , víctima de un desmayo provocado por el alcohol, el estrés y el desgaste de una vida sometida a la exigencia de los escenarios.
A partir de ahí, la serie retrocede en el tiempo a una Jaén de los años 40 y 50 con un Raphael niño que crece en una familia humilde, en el que su madre hace auténticos malabares económicos para que nunca falte un plato de comida en la mesa.
Su padre, Francisco Martos, era albañil; su madre, Rafaela Sánchez, ama de casa. El matrimonio tuvo cuatro hijos, siendo el cantante el tercero de ellos. La estrechez económica marcará al de Linares el resto de su vida.
Antes que músico fue aprendiz y repartidor en una sastrería, pero pronto se dio cuenta de su talento y abandonó su trabajo para ingresar en la academia de música del maestro sevillano Gordillo .
Uno de los primeros puntos de inflexión en su vida fue la mili. Estar sometido a la jerarquía castrense, a los castigos continuos y la excesiva disciplina marcaron un antes y un después en su carácter.
Resulta curioso que es en este contexto militar cuando su carrera empezó a despegar de verdad. Es en este momento cuando Raphael firmó su primer contrato importante: TVE1 le llamó para participar en el especial de Navidad donde interpretó su ya mítico villancico El Tamborilero . Desde ahí, los españoles no conocen Navidad sin Raphael.
Cabe recordar que España en aquel momento era franquista y para poder salir de la mili para grabar el especial Manuel Fraga le concedió un permiso especial .
Su salto definitivo llegó, en cambio, con un concierto en solitario en el Teatro de la Zarzuela de Madrid -hasta ese momento nadie había hecho nada parecido en España-. Y con su participación en el Festival de Eurovisión en Luxemburgo en 1966 con Yo soy aquel .
La canción se alzó con el séptimo puesto , el mejor resultado de nuestro país hasta ese momento, y lo lanzó de golpe a la fama internacional.
Como dato simpático, Raphael tuvo que utilizar una peluca durante su actuación porque llevaba el pelo rapado por la mili.
La política está muy presente en Aquel como telón de fondo de toda la primera mitad de la carrera de Raphael.
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