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Ceuta y la nación

ABC ·
Ceuta y la nación

Parece ser que fue De Gaulle quien dijo que, en política, lo último que puede hacer uno es el ridículo.

Han transcurrido ya casi un mes desde el asalto masivo a la ciudad de Ceuta, que ha recibido muchos nombres: invasión, ataque híbrido… Sus efectos son desgarradores.

El diagnóstico, de sobra conocido, aunque no está de más sintetizarlo adecuadamente.

Han sido demasiados años de una política exterior pobre, pacata y descreída: los ingredientes para un gran ridículo.

Una política que no ha sabido asumir una realidad que es fundamental: Marruecos puede ser un socio necesario en cuestiones cruciales en las que nuestros destinos están entrelazados.

Pero es también un rival geopolítico que no oculta en su relato nacional que su destino pasa por arrebatar a España no solamente Ceuta y Melilla y el resto de posesiones españolas en el norte de África, sino también las Islas Canarias y más allá.

En los últimos años se ha consolidado, además, como una potencia regional en alza, perfectamente sintonizada con los Estados Unidos y, como siempre, ferozmente atenta a cualquier signo de debilidad española para aprovecharla.Durante todo este tiempo –y extiendo esta afirmación más allá de los gobiernos de Pedro Sánchez– nuestra debilidad ha sido estructural.

El tic-tac del reloj se ha convertido en la funesta cuenta atrás de una bomba que estallará en nuestras manos con consecuencias que la mayoría de los españoles, adormecidos cuando no atontados por una política nefasta, ramplona y miserable, no son capaces de imaginar ni en sus peores sueños.Ceuta está en las conversaciones de gran parte de los españoles este verano y del palpitar de todas ellas surge la pregunta de qué dice esta crisis inédita sobre la relación de los españoles con su nación.

Están los que dicen que, como Gran Bretaña, tenemos que entregarnos a negociar una entrega ordenada de Ceuta, nuestro Hong Kong, a lo que en nuestra historia sería una nueva China en auge.

Porque Ceuta es insostenible y, además, no es rentable.

Como si solo debiésemos sostener como propio lo que nos diga un Excel.

He escuchado a los que dicen que no hay nada que hacer, ya que ningún español estaría dispuesto a dar la vida por la permanencia de Ceuta en España.

Ya dijo Bismarck que los Balcanes no valían los huesos de un solo granadero de Pomerania.

No sé si el español medio piensa mucho en Bismarck, pero es que los Balcanes estaban muy lejos de ser parte del Imperio alemán.

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5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC.

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