Hemos conseguido convertir una lechuga en una fábrica molecular. Acto seguido, la hemos puesto a fabricar carne de cerdo
Hace 15 años, un laboratorio de Florida consiguió que una lechuga corriente generara proinsulina humana.
Y no un poquito: el 53% de toda la proteína soluble de la hoja erstaba formada por esta proteína.
Así escrito no suena muy espectacular, pero vaya si lo era: habían cogido una aburrida lechuga y la habían convertido en una fábrica.
La cuestión era decidir qué proteína queríamos que fabricara.
La semana pasada, un equipo del Imperial College London ha dado respuesta que muchos estábamos esperando : mioglobina de cerdo.
Es decir, la proteína que da a la carne su color rojo y buena parte de su sabor. ¿Bienvenidos a un mundo en el que la lechuga sabe a secreto ibérico? Lo que han hecho.
El trabajo muestra cómo usar la "pistola de genes" (un sistema que 'bombardea' las hojas con micropartículas cargadas de ADN) para modificar el genoma del cloroplasto, el orgánulo donde la planta hace la fotosíntesis.
Esa vía no solo rinde al menos el triple que otras (como insertar el ADN en el núcleo), sino que pasa de generación en generación.
Es verdad que con la mioglobina el rendimiento es mucho menor que con la proinsulina.
No obstante, es una cuestión que tiene más que ver con la proteína que con la manera de fabricarla en las lechugas.
En Xataka Si queremos colonizar Marte debemos aprender a cultivar en Marte.
Y ya trabajamos en cápsulas para lograrlo ¿Y a qué sabe? Pues, en realidad, esa es una gran incógnita.
Nadie ha probado nada (que sepamos).
Y no lo han hecho porque, sobre el papel, no debe saber a mucho.
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