Un francés, un sarraceno y un tampax
El artículo del presidente Rajoy sobre la selección francesa brilla con toda su lucidez leído a través de la camiseta medio arremangada de Mbappé, que será de donde sea, pero es lo que es.
El Barça ni se ha puesto la camiseta, supongo que porque tiene a un sarraceno por estrella, tan medio marroquí que pudo elegir si jugaba con ellos o con nosotros.
El jueves estaba en una coctelería que se llama Foco y con la urgencia de ir al baño entré en el primero que quedó libre.
Al salir me increpó una señora que esperaba: «Éste es el de mujeres.
No has visto que al lado del váter hay una caja de tampax?». «Oiga, señora, –le dije– un tampax en 2026 ya no significa nada».Los niños tienen vulva, las niñas tienen pene y en un mundo tan movido y mezclado, nacer ya no significa pertenecer.
Por un lado prohibimos la estelada en los estadios porque es una bandera política y por el otro negamos la naturaleza política de lo que ha pasado en Ceuta, mientras no paramos de insultar a Pedro Sánchez por ello.
Y además esperamos que unos futbolistas que ya de por sí se venden al mejor postor se conviertan en el símbolo de lo que detestan.
Me gusta este mundo.
Me apasiona.
2026 está siendo el mejor año de mi vida tal como espero que lo sea 2027.
La esperanza se concreta en milagros y maravillas a pesar de los hechiceros del climatismo y las viudas prematuras de la inteligencia artificial, que son la Doña Croqueta de nuestra era.
Pero cuando mi hija me dice que lo que más ilusión le haría es conocer a Rosalía, trato de convencerla –sin éxito, de momento– de que el arte es nuestro contrato con los artistas y que no podemos dejar que las personas lo estropeen.
El talento y la inteligencia son virtudes diferentes y de muy infrecuente coincidencia.
Es estúpido no entender que el fútbol es sobre todo política.
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