El gambito marroquí
Bismarck –quien decía que las leyes son como las salchichas y que es mejor no saber cómo están hechas– escribió que hay épocas en las que el fuerte es débil por causa de sus escrúpulos y el débil es fuerte por causa de su audacia.
No creo que el problema de las últimas semanas en Ceuta sea que España peque de demasiado escrupulosa.
Me temo que se trata de algo menos noble.
Los escrúpulos, al menos, nacen de una convicción moral y lo de España parece más prosaico: mera ausencia de estrategia.
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