El fuego que borró las colmenas de la Sierra Oeste: «Las abejas ya no tienen flores para poder producir»
Lo primero que recuerda Susana Pastora no es el negro de su terreno.
Tampoco el hollín que cubría las cajas de las colmenas ni el poliestireno derretido por el calor.
Es el silencio tan poco habitual en los entornos naturales: «No se escuchaba nada.
Ni pájaros, ni abejas, solo silencio».
Así fue la llegada a su colmenar de Navalagamella , uno de los municipios evacuados por el peligro del fuego, tan solo un par de días después del inicio de los incendios y acompañada por la Guardia Civil.
Desde el coche todavía parecía que algunos árboles habían resistido, pero al acercarse a su finca el paisaje cambiaba.
El fuego había pasado por allí y, con él, se había llevado buena parte del ecosistema que hasta entonces alimentaba a sus abejas.
Susana es ingeniera de sistemas informáticos y hace ya más de cinco años que decidió cambiar la vida de la ciudad por la apicultura y la naturaleza.
Tiene unas cincuenta colmenas repartidas en distintos asentamientos, una estrategia para reducir el riesgo de perder toda la explotación ante una inundación, una sequía o un incendio.
Su asentamiento principal es el de Navalagamella, en donde tiene 20 colmenares, un tercio de ellos perdidos por el incendio.
El resto se mantienen en pie, aunque la apicultora todavía no sabe cuántas conseguirán superar las próximas semanas. «Las abejas son muy resistentes, ellas aguantan todo, quizás es a mí a quien afecta más», resume.
Cuando pudo entrar por primera vez en su finca se temía lo peor.
El silencio del entorno y los colmenares quemados hicieron que se pensase que las abejas se habrían muerto.
Sin embargo, decidió sentarse frente a las cajas y esperar.
5News agregó este resumen a partir del feed público del medio. La nota completa, con todo el contexto, está en www.abc.es — el contenido pertenece a ABC España.