Los niños y adolescentes andaluces, entre los más obesos de Europa
La obesidad infantil es una de las epidemias más preocupantes del siglo XXI.
Y de hecho es uno de los principales retos de salud pública en Andalucía.
Según la Junta de Andalucía, el 35,6% de los niños, niñas y adolescentes andaluces presenta exceso de peso, una cifra que evidencia la magnitud de un problema que requiere una respuesta sanitaria integral y sostenida en el tiempo ya que además está por encima de la media europea.Además en Andalucía, igual que en España es la enfermedad crónica de mayor prevalencia.
A pesar de que la tendencia es a la baja en las cifras de obesidades infantil (un 36,1 de sobrepeso y obesidad infantil en 2023, frente al 40 por ciento que había en 2019, la prevalencia sigue siendo una de las más elevadas de Europa.
Eso significa que más de un tercio de los menores presenta exceso de peso .Esta realidad, que afecta a la salud y al bienestar de la población infantil, tiene también una importante dimensión social.
La prevalencia del exceso de peso es mayor en los entornos con menores niveles de ingresos y estudios, l o que pone de manifiesto la relación entre la obesidad infantil y las desigualdades socioeconómicas.Ante esta situación, la Junta de Andalucía ha decidido impulsar el Programa ÓrbiTA, u na iniciativa que actualiza el abordaje de la obesidad infantil desde Atención Primaria y refuerza su consideración como una enfermedad crónica del tejido adiposo, compleja y con posibles repercusiones metabólicas y cardiovasculares a largo plazo.El planOrbiTA apuesta por la detección precoz y la adquisición de hábitos saludablesEl programa, que ha sido abordado este miércoles en el consejo de gobierno por parte del vicepresidente y consejero de Sanidad, Antonio Sanz, apuesta por la detección precoz, la intervención individualizada y el seguimiento continuado de los menores durante 18 meses, con la implicación de las familias como parte fundamental del tratamiento.Según Sanz, esta iniciativa da respuesta a uno de los principales resto que tiene la salud publica que supone «dejar atrás visiones simplistas» para asumir que la obesidad es una enfermedad crónica.
De hecho, según ha recalcado Sanz «ni los niños ni sus familiares son culpables» .
Por ello se insiste en evitar la estigmatización.
Además, promueve un enfoque alejado de la estigmatización y de la atención centrada exclusivamente en el peso, priorizando la adquisición de hábitos saludables, la mejora de la calidad de vida y la prevención de futuras complicaciones.
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