John Porral, por siempre jamás
No se trata de que hayamos abrazado el JOMO (el placer de dejar correr las cosas); bastante inercia estoica baratera acecha por las redes.
Estamos de forma siniestra, a tiempo, justo ahora cuando ya casi nada importa.
Suena todo a circunloquio, y tal vez este sea el tono para dar cuenta de una obra que intenta repetir, de forma 'apropiada' y apropiacionista, un montaje memorable: convertir 'The Clock', de Christian Marclay, en otra dinámica temporal con (mínimas) diferencias.
Ciertamente John Porral actúa con premeditación y alevosía cronométrica, rindiendo con 'A Clock' un homenaje intempestivo a la obsesiva secuencia de relojes cinematográficos que el suizo presentó en 2010.Recuerdo el hipnotismo que generaba el desmesurado vídeo de Marclay en la Bienal de Venecia de 2011 cuando fue distinguido con el León de Oro.
Tras pasar en varias ocasiones por delante de la gran pantalla sin entender de qué iba la cosa, decidí tomarme tiempo y sentarme a contemplar el asunto.
En cuanto comprendí que las imágenes procedentes de miles de películas estaban sincronizadas con la hora local entré en un estado casi de trance.Pausa y atención Reconozco que este tipo de obras de arte que imponen duraciones –por aludir a Bergson – prolongadas no me incomodan, al contrario, tengo especial querencia por aquello que implica pausa y una atención contemplativa diferente del 'scrolling' en la rueda del hámster que es lo propio de la contemporánea adicción a las redes.
Fotogramas de 'A Clock' John PorralSegún parece, Porral, que muestra su poropuesta en La Gran de Madrid, no ha tenido nunca la posibilidad de ver en directo la pieza de Marclay, que le fascina, y, a pesar de ello, ha decidido rehacerla con una actitud que no es un mero calco.
Surge de forma inmediata la analogía con 'Pierre Menard, autor del Quijote' y, en términos de las artes plásticas, con la larga tradición de artistas que decidieron, tal y como aconsejara Picasso, robar en vez de copiar.
Afortunadamente, no se desliza Porral por el tobogán regresivo infantil de tanta 'duchampitis' que, a la postre, no consigue más que amplificar la geografía del tedio.David Shields apunta en 'Hambre de realidad' (2010), que el apropiacionismo es «cuando robas a conciencia, porque cambiando el contexto cambias la connotación».
Entre los relojes de Marclay y Porral han cambiado algunas cosas que pueden determinar que lo mismo tenga sentidos diferentes.
Acaso los dos acontecimientos determinantes de esta última década y media sean el shock global provocado por la covid19 y, especialmente, el 'muskismo' (el sistema operativo del tardo-fordismo) que implica la soberanía mediante tecnología con su deriva inquietante del tecnofeudalismo surfeando la IA.
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