La ciudad medieval suiza a orillas de un lago donde se reflejan Los Alpes
Suiza atesora paisajes realmente fascinantes, estampas de una belleza casi irreal en las que no faltan lagos de aguas cristalinas, altas montañas y coloridos pueblos. Al oeste del país, en el cantón de Berna, se dibuja una de esas ciudades que se posiciona siempre en los primeros puestos de ‘las más bonitas’, y no es de extrañar. Considerada como la puerta de entrada al Oberland bernés –región montañosa más alta del cantón–, Thun, cuyo nombre viene del celta dunum y se traduce como ‘ciudad fortificada’, se asienta a orillas de un hipnótico lago, centro de la vida social en los meses de verano, donde se pueden realizar diferentes actividades acuáticas o dar un relajante paseo en barco. En los días más claros, si uno afina la mirada, podrá ver, además, el reflejo de las imponentes siluetas de los Alpes.
La ciudad de Thun formó parte del Sacro Imperio Romano Germánico y en la Edad Media obtuvo su estatus de ciudad, lo que impulsó considerablemente su economía y la convirtió en un importante centro comercial. Pero no fue hasta el siglo XIX cuando se convirtió en un destino turístico de primer orden, gracias a la llegada del primer barco de vapor al lago y a la línea de ferrocarril desde Berna (1859), así como a la presencia del que fue uno de sus vecinos más ilustres durante varios años: Charles Louis Napoleón –futuro Napoleón III– , quien vino aquí a estudiar y a formarse en su famosa academia militar de artillería.
Pero él no fue el único que recorrió sus calles. Goethe hizo escala aquí en 1779, durante su segundo viaje a Suiza, Johannes Brahms pasó varios veranos en el barrio de Hofstetten, donde compuso varias obras inspirado por la belleza del lago y las montañas, y Ferdinand Hodler, una de las figuras clave del simbolismo centroeuropeo y del Art Nouveau, dio en este enclave sus primeros pasos como pintor.
La visita por Thun, una villa que tiempo atrás estuvo rodeada por una muralla –de la que todavía quedan algunos restos visibles–, puede comenzar con un paseo por su bonito casco antiguo medieval y más concretamente por la Obere Hauptgasse, una calle con aceras elevadas y dos niveles a recorrer que se ha convertido en la más fotografiada. Si bien hoy día ocupan sus fachadas y escaparates coquetas tiendas, bares y cafeterías, antiguamente el nivel inferior se destinaba a almacenes y talleres y el superior servía de zona peatonal y de acceso a viviendas y comercios. Los amantes de la historia deben buscar el número 33 de esta vía, pues fue ahí donde vivieron Napoleón III y su madre.
Al final de la calle se sitúa la Rathausplatz, plaza construida alrededor del año 1500, donde cada sábado se pone un mercado con verduras frescas, frutas y especialidades regionales. En esta se ubican, también, el Ayuntamiento , edificio que combina elementos del gótico tardío y del Renacimiento temprano; la Burgerhaus Thun, una casa barroca del siglo XVIII y el Colegio Plaztzschulhaus, también del siglo XVIII. Otra de sus plazas más icónicas es la de Mühle, un espacio que recuerda la actividad comercial que afloró a orillas del río años atrás.
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