La recepción en el Palacio Real, entre un acto más de campaña y una boda sin novios
No había ni música estridente ni banderolas con las siglas de cualquier partido al azar ondeando.
El protocolo del propio Palacio Real es lo suficientemente estricto y solemne para evitarlo.
Pero, si no fuese por la ausencia de esos dos símbolos que inevitablemente te trasladan a un mítin electoral, cualquiera de los 1.200 afortunados que han sido invitados a la recepción de los Reyes por la Fiesta Nacional podrían haber pensado que habían acudido a un acto de campaña sin saberlo.Una semana después de la disolución de las Cortes Generales, con la convocatoria a las urnas para el próximo 29 de noviembre, la carrera hacia la renovación del Congreso y del Senado y de la futuro Gobierno han sido el tema de conversación entre políticos y periodistas.
Los Reyes, que mañana inician su primer viaje oficial a Ceuta y Melilla, han estado más pendientes de la delegación de políticos y sociedad civil ceutí, invitados a la recepción por parte de Don Felipe y Doña Letizia, que de los chascarrillos electorales.Los mismos Pedro Sánchez o Francina Armengol que en ocasiones anteriores abandonaban el Palacio Real con prisas, antes de que la mayoría de periodistas pasasen por el besamanos del salón del trono, hoy han permanecido un rato largo respondiendo a sus preguntas.
No lo ha hecho la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, una de las que tiene más cosas para contar a día de hoy.
La exportavoz del Gobierno fue la que más se apresuró en abandonar el Palacio Real, junto a dos colaboradoras, cuando todavía no había ni finalizado el saludo de los Reyes a todos los invitados.
Se marchó de forma discreta, sin hacer demasiado ruido.Yolanda Díaz, enfundada en un vestido rojo de gala -y no, la Fiesta Nacional no es una entrega de premios cinematográficos-, ha acudido acompañada del brazo de su hija Carmela -que ya le saca medio palmo a su madre-.
Salvo sorpresa, este será el último 12 de octubre al que acude como representante del Estado, ya que ella mismo anunció su retirada de la vida política al término de esta legislatura.
Un todavía desconocido Arcadi España, ministro de Hacienda, era el menos reclamado por periodistas e invitados, nada que ver con el interés que generaba su antecesora en el cargo, la todopoderosa exvicepresidenta María Jesús Montero.
Su antecesor en ese otro cargo, el de número dos del Gobierno, tenía seguidores, pero su perfil más técnico sin los tan ansiados y prometidos Presupuestos que ya nunca llegarán no tenía tanto interés este año.Sí lo tenía, y costaba verle por la cantidad de periodistas que le dejaban escondido entre plumillas, el ministro de Presidencia, Justícia y Relaciones con las Cortes.
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