"El Javier Bardem más devastador de su carrera": Crítica de 'El ser querido', la nueva película de Rodrigo Sorogoyen que confirma el momento de oro del cine español
En su primera escena, 'El ser querido' parece cometer la temeridad de enseñar todas sus cartas. Rodrigo Sorogoyen abre la nueva película original de Movistar Plus+ con un intenso cara a cara entre un director de prestigio internacional y la hija con la que lleva años sin hablar, una actriz estancada profesional y emocionalmente. Nos topamos así con los comentados reflejos con 'Valor sentimental' (Joachim Trier, 2025), pero el cineasta madrileño no tarda en dejar claro que, superado el eco de la premisa, su intención es sumergirse en la combustión dramática que puede provocar ese reencuentro. Y es que esa demoledora secuencia no busca el subrayado sentimental, sino servir como borde del abismo al que planea arrastrarnos.
Superado ese prólogo, el título se traslada al rodaje de la película en el que Sorogoyen e Isabel Peña, su inseparable coguionista, utilizan la producción como algo mucho más interesante que un mero dispositivo metanarrativo. El set, que como decorado conceptual ya resultaría interesante, es el escenario natural de la violencia afectiva entre ambos protagonistas. Mientras observamos los problemas de producción, los cambios de humor del director, los silencios tensos entre actores y técnicos y la progresiva desesperación de Emilia, la hija interpretada por Victoria Luengo, la película encuentra un equilibrio extraordinario entre lo íntimo y lo colectivo, atrincherándose entre focos, cámaras y micrófonos para hacer que el lenguaje cinematográfico sea inseparable del propio conflicto .
Esta decisión, que con facilidad podría pecar de artificio autoral, se vuelve el gran hallazgo de Sorogoyen y Peña al permitir que esa fractura paternofilial se exprese, precisamente, a través de las herramientas del séptimo arte. El modo en que las escenas de rodaje contaminan emocionalmente la ficción que los personajes están filmando convierten 'El ser querido' en una de las aproximaciones más estimulantes al "cine dentro del cine" de los últimos años. Un mecanismo perfecto en el que aplaudir la figura de Sorogoyen, en comunión no solo con el libreto del que parte junto a Peña, sino con la fotografía de Álex de Pablo y el brillante montaje de Alberto del Campo que dotan al relato de un nervio magnético mientras, de nuevo, todo contribuye a alcanzar la sensación de relato vivo, siempre a punto de estallar.
Y, mientras tanto, los minutos de metraje van instaurando en el espectador la atrevida idea de que, probablemente, estamos ante una de las interpretaciones más complejas y devastadoras de la carrera de Javier Bardem . Su Esteban Martínez, cineasta venerado y monstruo íntimo incapaz de reconocerse culpable, hace de cada escena un vertiginoso ejercicio de dominación emocional. Hay algo fascinante en cómo Bardem sostiene la contradicción permanente de un personaje convencido de su inocencia mientras destruye todo lo que tiene alrededor.
Tampoco sorprende ya la verdad que despliega Victoria Luengo cada vez que aparece en pantalla.
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