El infraestado sí tiene secretarios
La primera vez que entré en una Fiscalía me dejé los ojos leyendo las placas de los pasillos.
Nada.
No encontré ni uno.
Pero, pero ¿dónde tenía su despacho el ayudante del fiscal? Corroída por la intriga, un día pregunté en Anticorrupción.
Se rieron de mí.
Demasiadas películas, has visto demasiadas películas. ¡Qué fiasco! Al traste con la posibilidad de toparme con un Robert Redford en 'Peligrosamente juntos' o Brad Pitt en 'Sleepers'… En verdad, mi decepción, más que por lo atractivo (de la figura) fue por la realidad: ¿De verdad, en España, los fiscales no cuentan con un colaborador exclusivo, alguien que trabaje con ellos mano a mano? Pero no, ni con fiscales, ni con jueces.
Ni ayudante particular, ni secretario personal.Al parecer, los 'seguidores' pacenses de la jueza Beatriz Biedma padecían de mi misma fabulación peliculera.
Uno de ellos se presentó en el colegio diciendo que era el «secretario» de la jueza.
Le disculparemos porque el tipo en cuestión pudo confundirse con los Letrados de Justicia, encargados de que la maquinaria judicial funcione como es debido.
Antes los llamábamos secretarios judiciales.
Para evitar la confusión por tal nomenclatura y por ley en 2015, se les cambió el nombre al actual.
Vamos, que el espía andaba desinformado y desactualizado.EE.UU. tiene arraigada la figura del 'law clerk', el asistente jurídico o legal en el sistema judicial.
Aquí, no.
Aquí jueces y fiscales van a pelo, cada uno con su pellejo.
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