En verano podía usar el móvil y ahora no ¿Cómo recuperar los límites sin guerra en casa?
Septiembre llega también al móvil.
Después de semanas de horarios más flexibles, más tiempo libre y mayor permisividad con las pantallas, toca recuperar las rutinas del curso.
Una transición que puede convertirse en una fuente diaria de conflictos si las familias no tienen claro cómo afrontarla.
Para Cristina Gutiérrez Lestón, educadora emocional y CEO de La Granja Ability Training Center, la clave está en asumir que no se trata de castigar al adolescente, sino de adaptar el uso del teléfono a una nueva realidad. «En verano tenías más tiempo libre y por eso podías utilizarlo más.
Ahora necesitamos repartir las horas entre tus obligaciones, tu descanso y tu ocio», propone explicar a los hijos.La especialista recomienda concretar desde el principio cuándo se podrá utilizar el móvil, durante cuánto tiempo y en qué espacios estará prohibido.
Y, sobre todo, evitar que cada protesta se convierta en una nueva negociación .
Una opción es establecer las normas por escrito y que todos los miembros de la familia las conozcan. «Los límites han de ser claros, coherentes y conocidos por toda la familia», señala.
Si la diferencia entre el verano y el curso es especialmente grande, puede resultar más sencillo reducir progresivamente el tiempo de pantalla durante los días previos a la vuelta al colegio.
Eso sí, advierte, «progresivo no significa ambiguo»: los hijos deben saber cuál es el plan y cuándo entrará en vigor la norma definitiva.La cuestión, además, no es únicamente cuánto tiempo pasan los menores frente a una pantalla, sino qué actividades están desplazando esas horas.
Movimiento, deporte, amigos, conversación, juego libre o tiempo en familia son algunas de las alternativas que plantea Gutiérrez Lestón.
El problema puede ser mayor cuando durante las vacaciones el teléfono se ha utilizado de forma habitual para calmar el aburrimiento , las quejas, la frustración o el enfado.
La especialista lo define como un «chupete emocional», un recurso que permite cambiar rápidamente el estado de ánimo sin que el niño o adolescente tenga que desarrollar estrategias propias de regulación emocional.La fórmula, explica, puede terminar convirtiéndose en un hábito: «Incomodidad + pantalla = alivio inmediato».
Cuando este mecanismo se repite, el cerebro aprende que ante una emoción desagradable existe una vía rápida para sentirse mejor.
Por eso, retirar de nuevo el móvil puede provocar enfados, aburrimiento, frustración e incluso miedo. «No es una señal de que estemos haciendo algo mal», apunta.
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