La imborrable huella de Roma en España 2.000 años después: "No se puede explicar la nación española sin ella"
La raíz de la lengua, el Derecho, el aceite de oliva, los monumentos... La herencia del Imperio aún es palpable. Un ensayo revisita el legado de Hispania y sus ecos en la identidad nacional. "Es uno de nuestros sustratos culturales", dice su autor
Estamos acostumbrados a pensar de forma casi automática en el teatro de Mérida o en el acueducto de Segovia, o en el Derecho, o en la propia raíz latina de la lengua española, cada vez que se invoca el nombre de Roma asociado a lo que ahora conocemos como España . Pero la huella del extinto imperio en tierras hispánicas excede a la espectacular monumentalidad del patrimonio para penetrar en la identidad que aún hoy moldea nuestro acervo cultural. Ésta es una de las principales tesis que el historiador Rubén Montoya defiende en Hispania. Una historia de Roma en Iberia (Ed. Crítica), un compendio de erudición y síntesis en el que repasa los siete siglos de presencia romana en la Península Ibérica .
Este libro aporta una visión general, actualizada y unitaria en la que la Historia y la Arqueología aparecen entreveradas para ofrecer un marco general. «He intentado recurrir a un hallazgo material, a un bronce, a un yacimiento, incluso a noticias recientes de publicaciones de compañeros para intentar tender puentes entre ambas disciplinas», explica Montoya. Además de doctor en Arqueología Romana, formado entre España, Reino Unido e Italia, el autor es profesor asociado de la School of Arts and Humanities de IE University y en 2024 ya sobresalió como especialista en Roma tras la publicación de Pompeya. Una ciudad romana en 100 objetos , publicado también en Crítica.
Ahora vuelve a las librerías con una investigación cincelada a base de un intenso trabajo de campo -impresiona la retahíla de yacimientos, ciudades, villas y demás monumentos que se nota que ha rastreado personalmente- y moldeada a partir de su labor docente.
Escrito con un afán narrativo y creativo, Montoya aborda con una rigurosa exigencia historiográfica todos los vectores que llevaron a Hispania a convertirse en una de las provincias «más influyentes» en las dinámicas imperiales . Cada uno de los 15 capítulos del libro va precedido de una narración inventada, un alarde literario con el que el autor busca atrapar al lector y conducirlo a la explicación exacta y detallada de aquellos factores que encumbraron a Hispania. Su libro no es un abigarrado manual de Historia ni tampoco una tesis doctoral destinada sólo para especialistas en la materia. Es un trabajo para el gran público y, sobre todo, para que los jóvenes comprendan la sombra alargada de nuestra herencia romana. «Se trata de abrir las puertas de la Historia a través de la imaginación», explica.
Su investigación abarca desde que las naves romanas arribaron a las costas de Iberia en el verano del 218 a.C. hasta el derrumbe político de Roma, cuando en el 476 d.C. el general bárbaro Odoacro depuso a Rómulo Augústulo, el último emperador de Occidente. Los romanos no se encontraron en Hispania con una tierra virgen. «Se topan con una situación muy diversa de distintos pueblos que tenían un sustrato común.
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