Ceuta empieza a enterrar a los ahogados del Tarajal: "Nadie puede acostumbrarse a esto"
Este viernes fueron a la tierra 18 cuerpos de los recogidos tras la entrada masiva de migrantes en Ceuta del 30 y 31 de julio. Aunque en la ciudad no son precisamente raros los enterramientos de migrantes nadadores que no llegan vivos, hay pocos precedentes de tantos entierros en un solo día en el cementerio de Sidi Mbarek, el camposanto de titularidad municipal que, en una ladera no lejos del mar, acumula las tumbas blancas y pardas del vecindario musulmán.
Solo que los muertos que recibieron sepultura este viernes no son vecindario, no llegaron a serlo nunca: fallecieron tratando de ganar a nado, entre una enorme multitud, la playa del Tarajal. Los enterradores, trabajadores públicos de la ciudad autónoma, estuvieron inhumando hasta las once de la noch e; y habían empezado a las seis de la tarde. Llegó un momento en que se fue el sol, se fueron los periodistas, se fue todo el mundo del cementerio menos ellos, que se quedaron dando paladas.
Quedan cerca de 90 cuerpos -las cifras bailan según la se ala fuente- en la morgue municipal, la del Hospital Militar y otras neveras acondicionadas por la situación, porque los cuatro huecos fríos en cada morgue no dieron abasto para la crisis. Entre esos muertos que guardan su turno hay solo dos mujeres. Y entre ellos está el bebé que la Guardia Civil sacó del fondo del Mediterráneo.
A partir de este fin de semana, espera en Sidi Mbarek una cadencia de diez inhumaciones diarias. Serán días duros. "Llevo toda mi vida en esta profesión, y he enterrado a muchos ahogados, pero nadie se acostumbra a esto", cuenta Saíd Mohamed, responsable del cementerio musulmán , sereno y apenado. El enterramiento musulmán tiene una carga psicológica adicional: al cuerpo del fallecido, orientado para que mire hacia el Este, a La Meca, se le echa tierra encima; no hay una caja, un ataúd, que de alguna manera atenúe ese contacto sin ambages.
Varios miembros del equipo de enterradores de Sidi Mbarek han cambiado las vacaciones. Uno de ellos, que llevaba dos días de descanso en julio, tuvo que suspenderlas ante la avalancha de muertos que se venía encima. Los enterramientos, no obstante, se han demorado 20 días porque ha tenido que transcurrir antes todo el legal ritual de las autopsias, y el acostumbrado de la toma y clasificación de muestras de ADN , por si alguien algún día reclama los cuerpos.
No se está dando de momento esa circunstancia. Los ahogados de la gran riada humana van a tumbas sin nombre, como viene siendo habitual en Ceuta. De hecho, un día antes de la entrada multitudinaria del 30 de julio, en el recinto mortuorio musulmán tuvieron que enterrar a cuatro de siete ahogados. En este caso sí que hubo una repatriación de cadáveres: tres para Marruecos. Lo peor estaba por venir.
En el recinto mortuorio ha habido que hacer obras de ampliación a toda prisa.
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