La historia del tesoro que Julia Candau le guardó a la Virgen de las Angustias de los Gitanos
La Semana Santa siempre será una cuestión de memoria, pero es una que se sustenta por miles de historias.
Muchas de ellas las contó en vida Julia Candau , alma máter de la hermandad del Amor y camarera de la Virgen del Socorro durante tres décadas.
Una sevillana que significó mucho no sólo para la corporación que reside en el Salvador, sino también para un buen número de las hermandades que depositaron su confianza en el anticuario que ella misma regentaba junto a la Alfalfa: El niño seise.
Una de ellas a finales del siglo XX fue la hermandad de los Gitanos, a cuya Virgen de las Angustias fio un encaje valiosísimo que dicha corporación no podía permitirse a finales del siglo XX.La historia completa la narra al detalle Francisco Javier Conde Leo, asesor artístico de los Gitanos e hilo que enhebra el crecimiento patrimonial de la corporación de la Madrugada del penúltimo al presente siglo.
Fue él quien trató en incontables ocasiones con doña Julia Candau, y en uno de sus paseos por aquellas tiendas de tesoros ansiando localizar un pañuelo para la Virgen fue consciente de la categoría moral y humana de la camarera.
Si bien tuvo malas experiencias en otra tienda de antigüedades, Conde Leo dio con El niño seise, «en la que solía entrar cuando estaba alguna de las dos dependientas jóvenes —tan amables—, una cantaba en Los tropa; y la otra en Siempre así, y me daban más confianza porque la dueña me imponía ».
La propietaria no era otra que Julia Candau.
Era 1999 y en uno de los días en los que ella misma se apostaba tras el mostrador, este hermano de los Gitanos se atrevió a preguntarle por si tenía por ahí un encaje para la Virgen de las Angustias. «Le comenté que quería algo muy bueno y valioso porque la Virgen no tenía ningún encaje antiguo», expone. «Me enseñó varias cosas y nos dijo que como nuestro vestidor usaba muchos metros, que tenía una joya de ocho metros», le indicó, mostrándole un encaje de aguja «maravilloso, con rosas cuyos pétalos en relieve se levantaban».
El mismo valía la nada desdeñable cifra de 600.000 pesetas.
Un point de gaze belga , lo mejor de lo mejor.Arriba, el encaje que Julia Candau reservó a la Virgen; a la izquierda, los boletos que se vendieron para sufragarlo; a la derecha, la propia Candau.
Hermandad del AmorEl asesor despertó de pronto de aquel sueño, por más que ofreciera rifar un Niño Jesús vestido de nazareno para empezar a reunir el dinero.
Llegar a todo el montante era una quimera en aquella época, así que tuvo que implicar a muchas personas para sufragar su coste, que lo hicieron encantadas.
Días después, le afirmaron que menuda pieza monumental había adquirido la hermandad, a lo que él se quedó en blanco.
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