Granada vuelve a la normalidad... pero andando por el centro de la calle
Muy distinta es la situación que se vive este miércoles en Granada a la que se observó durante el día de ayer.
Las réplicas se siguen produciendo, a razón de una cada hora, aproximadamente, pero son menores.
Tras el temblor que tuvo como epicentro Ogíjares a las 22.35 horas, que llegó a los 3.4 grados, los ecos apenas han traspasado los dos grados.
Sin que esto quiera decir que se ha vuelto a la normalidad, porque el riesgo sísmico sigue ahí, lo cierto es que Granada se ha levantado de otra forma.
Las oficinas de los organismos oficiales, que cerraron poco antes del mediodía de ayer, han reabierto.
También lo ha hecho la Alhambra, salvo su alcazaba.
Y un centro de salud del Zaidín que echó el cierre.
Con buen criterio, porque ha sido el barrio más castigado de Granada.No hay normalidad porque alguna gente sigue sin poder regresar a sus casas.
Es lo que ocurre con unos vecinos del pueblo de Las Gabias que, tras tener que abandonar sus casas mientras se comprobaba el alcance de los daños, pasaron unas horas en el teatro municipal y catorce de ellos han dormido en un albergue de la Junta de Andalucía junto al estadio de la Juventud, en Granada.También están reubicados algunos usuarios del centro social Reina Sofía.
Ayer salieron de allí 77, personas además dependientes, y han sido distribuidos en otras residencias que también gestiona la Diputación de Granada, en puntos como Maracena, Huétor Vega, Fuente Vaqueros o Huéscar.Bares, restaurantes, tiendas y supermercados también abrían o calentaban motores a primera hora de la mañana, después de descartar la actividad durante la tarde del terrible martes que se vivió en la capital, con ocho seísmos de importancia, cuatro de ellos de cuatro o más grados.
La famosa calle Navas, que sigue teniendo un trozo acordonado, era algo parecido a un desierto, cuando lo normal es que esté llena de clientes.Una mujer observa unos cascotes caídos de una pared en el barrio granadino del Realejo G.
OrtegaSe respiraba el miedo y ahora lo que se nota es más una mezcla de aprensión y prudencia.
Algunos, en lugares como Armilla, han despertado tras pasar la noche al fresco , autorizados por el ayuntamiento.
En parques y plazas de la capital también ha habido gente, pero la cosa tendió a menguar cuando los temblores también lo hicieron.
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