¿Por qué Rusia presiona a Europa a través de Alemania?
Cualquier cambio en Berlín altera el equilibrio político europeo. Es la principal potencia industrial del continente, uno de sus grandes centros logísticos y un actor decisivo tanto en la UE como en la OTAN
Europa se enfrenta a una nueva oleada de sabotajes. Durante agosto se produjeron explosiones en fábricas de municiones de Italia y Bulgaria, pero ha sido Alemania la que ha responsabilizado oficialmente a Rusia del intento de un ataque híbrido con drones explosivos en Leipzig. No son episodios aislados. Forman parte de una estrategia de presión rusa más amplia, en un momento marcado por tres factores : las elecciones generales rusas del próximo 20 de septiembre , ante las que el Kremlin necesita alimentar el antagonismo con Occidente; el creciente suministro de armamento occidental cada vez más sofisticado a Ucrania , cuyos proveedores Moscú ha calificado de "objetivos legítimos"; y una guerra en la que los avances rusos siguen siendo lentos , costosos e insuficientes para imponer una victoria rápida.
El Kremlin necesita que la amenaza de escalada resulte creíble . Y para eso la guerra híbrida es un instrumento casi perfecto . Cuesta menos que una confrontación militar abierta, complica la atribución inmediata y permite sembrar inseguridad sin cruzar formalmente el umbral de un ataque contra la OTAN. Moscú no necesita desencadenar una guerra convencional con Europa. Le basta con convencer a los europeos de que podrían estar acercándose a ella.
Alemania es un objetivo especialmente atractivo para esta estrategia. No solo por su peso económico, sino porque cualquier cambio en Berlín altera el equilibrio político europeo . Alemania es la principal potencia industrial del continente, uno de sus grandes centros logísticos y un actor decisivo tanto en la UE como en la OTAN. Por su territorio circulan recursos, equipos y capacidades esenciales para ayuda a Ucrania y para reforzar el flanco oriental de la Alianza. Además, Alemania arrastra una vulnerabilidad específica: durante décadas construyó una parte sustancial de su modelo económico y político sobre la convicción de que la interdependencia con Rusia reduciría el riesgo de conflicto . La energía rusa barata alimentaba la competitividad industrial alemana y el comercio se presentaba como una herramienta de estabilización. La invasión de Ucrania demolió esa arquitectura, pero no eliminó sus inercias . Alemania sigue pagando el coste económico, político y psicológico de aquella ruptura.
Para Moscú, el objetivo de la amenaza de escalada es explotar y amplificar divisiones que ya existen , tanto dentro de Alemania como entre los países europeos, ante la perspectiva de una confrontación prolongada con Rusia y del aumento del gasto militar y energético. Para una parte importante de la opinión pública, evitar la escalada constituye un objetivo político en sí mismo . Esta sensibilidad, particularmente arraigada en Alemania, no implica necesariamente simpatía hacia Rusia, pero sí puede favorecer narrativas que presentan el rearme, el apoyo militar a Ucrania o el fortalecimiento de la OTAN como factores que acercan a Europa a una guerra más amplia .
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