Vanesa Lorenzo retrasa el primer móvil de su hija y una psiquiatra explica por qué
La decisión de la modelo Vanesa Lorenzo de que su hija mayor, de 12 años, todavía no tenga teléfono móvil, pese a que muchos de sus amigos ya disponen de uno, vuelve a poner sobre la mesa una cuestión cada vez más presente en las familias: ¿cuándo está realmente preparado un niño para tener su primer smartphone ? Para la psiquiatra Ana Isabel Sanz, no existe una edad que sirva por igual para todos, aunque sí señala que «parece existir cierto consenso en que por debajo de los 13 años no resulta conveniente».
La experta, médico psiquiatra y directora del Instituto Psiquiátrico Ipsias, considera que la decisión no debería tomarse únicamente atendiendo a la edad. «Cada adolescente es diferente y alcanza la responsabilidad, la madurez y la capacidad para gestionar la frustración en momentos distintos», explica.
Por eso, antes de entregar un teléfono propio, considera necesario valorar si el menor dispone de las herramientas necesarias para desenvolverse adecuadamente en el mundo digital.El debate no está tanto en si el móvil es bueno o malo como en qué supone introducir una herramienta especialmente estimulante en una etapa en la que todavía se están desarrollando los mecanismos de autocontrol . «El problema de un acceso demasiado precoz es que estamos poniendo al alcance del menor una herramienta enormemente estimulante cuando determinados mecanismos de control cerebral todavía no están completamente desarrollados», apunta Sanz.
La situación adquiere una especial relevancia cuando el smartphone abre además la puerta a las redes sociales.
En estos espacios predominan la gratificación inmediata y la comparación constante con otras personas: seguidores, modelos corporales, estilos de vida o determinadas formas de éxito que se presentan como deseables.
Para enfrentarse a esos mensajes, explica la psiquiatra, es necesario haber desarrollado previamente recursos que permitan al menor preguntarse quién es, quién quiere ser y qué criterios quiere seguir. «Cuando todavía no existen esas herramientas, el menor queda mucho más expuesto a la manipulación, a la comparación y a la pérdida de una autocrítica sana», advierte.Retrasar el primer móvil puede permitir que durante esos años el niño desarrolle habilidades que después necesitará también cuando se incorpore al entorno digital.
Relacionarse cara a cara, gestionar la frustración, asumir responsabilidades , cumplir normas , desarrollar su identidad o aprender a pedir ayuda son, para Sanz, recursos que conviene consolidar antes. «Lo deseable es que primero aprenda a manejarse en el mundo tangible y analógico y después dé el paso al digital, y no a la inversa», resume.Además, posponer el smartphone no tiene por qué significar aislar al menor de su grupo.
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