Las lecciones que el dron de carreras autónomo más rápido del mundo puede enseñar a los ejércitos
El MonoRace , creado por el laboratorio MAVLab de la Universidad Tecnológica de Delft (Países Bajos), es un dron que puede alcanzar los 100 kilómetros por hora y que navega y controla sus motores de manera autónoma sin necesidad de humanos.
El sistema ha demostrado que no hace falta GPS ni estar cubierto de sensores para vencer en velocidad a otros drones de carreras.
Su simplicidad y el hecho de que todo el sistema de navegación y pilotaje esté dentro del aparato podrían servir para evitar los estragos de la guerra electrónica en las próximas generaciones de drones de guerra.
MonoRace ganó en la competición de drones autónomos de Abu Dabi de 2025, donde superó a todos los equipos autónomos rivales y a tres antiguos campeones mundiales humanos.
"En lugar de proporcionar al robot sensores y ordenadores cada vez más potentes, queríamos averiguar cuánta inteligencia podíamos extraer de unos recursos muy limitados", explica el investigador Christophe De Wagter, uno de los autores del artículo publicado en Science Robotics.
Llevamos el Big Bang puesto: los materiales que tejen nuestro organismo son tan viejos como el universo Avi Loeb El 10% de la masa de nuestro cuerpo está compuesta por hidrógeno que se formó durante el Big Bang.
Luego las estrellas forjaron el resto, como el carbono o el oxígeno Decidir a bordo y hacerlo a toda velocidad La primera lección del MonoRace está en simplificar lo que sucede entre que se percibe lo que ocurre alrededor del aparato y se actúa .
En un vuelo a gran velocidad, un pequeño retraso puede terminar en una puerta mal atravesada o una colisión que acabe con el dron destrozado y sin cumplir su objetivo.
MonoRace utiliza una red neuronal que genera directamente las órdenes para los motores, en lugar de recurrir a un sistema convencional con varias capas de controladores intermedios.
Lo hace 500 veces por segundo desde el pequeño procesador del controlador de vuelo.
Esta IA aprendió a pilotar mediante técnicas de aprendizaje por refuerzo que tenían en cuenta sus limitaciones físicas.
"Esto permite al controlador reaccionar extremadamente rápido y aprovechar las capacidades del dron, manteniéndose lo bastante pequeño como para funcionar a bordo", afirma Robin Ferede, uno de los autores.
Esto resulta relevante para los ejércitos por la combinación de ambas características: decisiones rápidas y procesamiento embarcado sin necesitar un ordenador cada vez mayor.
"Por supuesto, las velocidades de vuelo extremadamente altas sugieren de inmediato aplicaciones militares, en las que el vuelo rápido tiene utilidad no solo ofensiva, sino también defensiva", escriben los investigadores.
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