El dueño de un montón de locales en Barna se queja de que los vecinos han tomado medidas: poner muñecos de vudú en las puertas
Blaise Thorens abre cada mañana su local y, desde hace unos días, ejerce un ritual: comprobar si alguien ha dejado algo de brujería en la puerta.
"Al abrir por la mañana nos encontramos muñecos de vudú", reconoció él mismo hace unas semanas.
También se ha topado con velas, monedas, pintadas en las persianas y coches vandalizados, según confirmó en dos entrevistas.
Bienvenidos a la guerra silenciosa contra el "brunch" en Barcelona.
El imperio de las tortitas .
Thorens, suizo de 39 años, aterrizó en Barcelona hace una década.
Abrió su primer Billy Brunch en 2018 en el número 115 de la calle Bailén, cuando el concepto de tostada de aguacate a seis euros sonaba extraño en español.
Antes fue manager de conferencias y banquetes para W Barcelona y antes manager en varios restaurantes.
Desde entonces, la carta de infusiones detox o retox, pancakes y munchies ha crecido igual que su oferta de locales.
Hoy tiene 10 locales: 6 en Barcelona (como el de la calle de Blai, 28).
Y, 2 en Madrid y 2 en Sevilla, con casi 200 empleados y un objetivo declarado de llegar a 50 locales y mil trabajadores.
Solo en la calle Bailén, entre Mallorca y Valencia, controla tres esquinas seguidas: los números 113, 115 y 129.
Su última apuesta, un brunch con piscina de bolas y tobogán, se ha convertido en fenómeno viral en cuestión de semanas. ¿Y los vecinos? La Dreta de l'Eixample, donde se concentra Billy Brunch, es zona cero de la turistificación barcelonesa.
El distrito acumula 3.251 pisos turísticos de los 7.531 que tiene registrados toda la ciudad, y los vecinos llevan denunciando desde 2024 ante la Sindicatura de Greuges de Catalunya un proceso de gentrificación acelerada: 74 fincas ya identificadas en transformación hacia vivienda de lujo o de temporada.
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