Sevilla, obras para progresar
Los sevillanos que retornan estos días a la ciudad tras las vacaciones de verano comprobarán que Sevilla sigue siendo una capital en obras.
Así me lo han comentado constantemente los vecinos durante las visitas que he realizado en agosto para comprobar la marcha de los trabajos.
Me solían repetir una misma frase: «Alcalde, Sevilla está patas arriba».
Y tienen razón.Efectivamente, se están haciendo muchas, muchísimas obras.
Unas ya se terminaron –como el asfaltado de las principales avenidas de la ciudad o la reurbanización de calles como Zaragoza, la Campana, el eje Dueñas/Santa Ángela o Albareda– y otras están cerca de su final –Pagés del Corro, Tranvibús–.
También hay actuaciones integrales –línea 3 de Metro, Plaza Nueva, plazas de la Gavidia y de la Concordia, palacio y plaza del Pumarejo, proyecto en la zona de Altadis– que exigen tiempo.
Los trabajos se han ido sucediendo de forma coordinada para intentar mitigar el impacto en la ciudad, pero las molestias son inevitables.
Siempre pido disculpas por ello y desde el gobierno hemos articulado ayudas económicas a comercios afectados para intentar hacer menos lesiva la convivencia con las obras.Hacer obras es sin duda un fastidio, pero un fastidio necesario.
Las grandes ciudades lo necesitan para progresar.
En Sevilla durante demasiados años ha habido muy pocas obras.
La inacción puede ser tentadora, porque un alcalde que no hace obras es un alcalde que jamás se equivoca.
No molesta, no genera debate, no levanta críticas, y sobre todo, no se expone.
Al alcalde que no hace obras jamás le parará ningún vecino por la calle para quejarse por una zanja.Pero no hacer obras supone renunciar a transformar Sevilla.
Y gobernar una ciudad no consiste en mantenerla inmóvil como si el tiempo no pasara, sino trabajar para dejarla mejor de cómo la encontraste.Las ciudades que se transforman generan primero controversia y luego progreso; las que permanecen estancadas generan silencio y con el tiempo abandono.
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