Necesidad y virtud del Partido Popular
«Toca hacer de la necesidad virtud».
Por contexto y efecto, esta frase de Sánchez –con el «somos más»– ha operado como una habilitación personal ilimitada frente a cualquier compromiso adquirido.
No hay virtud en ello, por necesario que sea para él.
Las próximas generales deben abrir un camino de sanación del daño causado por esa degradación.
El Partido Popular lo iluminó en su Congreso de 2025.
Un camino no es una espiral.
Una espiral es una manera de seguir en el mismo sitio pareciendo que no; un modo de estar más arriba o más abajo dando vueltas sobre un eje, o la ilusión de eso, como el giro interminable rojo y azul del trampantojo de un poste de barbero.
La alternativa descansa en una tradición política que niega, siempre, que el fin, por elevado o apremiante que sea, justifique cualquier medio, aunque acechen las preguntas de por qué hay que atenerse a ese principio frente a quien nunca lo hará, y si esa asimetría no será ingenuidad suicida del «pardillo moderado», inútil.Pero los principios lo son si aguantan en cualquier circunstancia, a la pura intemperie bajo el mayor aguacero, bajo las máximas presiones y las más seductoras tentaciones del poder rozado con la yema de los dedos, incluso ante Sánchez y la urgencia de derrotar a su bloque.
Mi respuesta a por qué el PP no debe someter sus virtudes a sus necesidades es porque ése es un principio de los liberales, conservadores y democristianos de los que quiere ser casa común.
Una casa con cimientos, ése entre ellos, donde no habita una cuadrilla de pardillos sino la familia ideológica que reconstruyó Europa desde el paisaje de escombro, ceniza y muerte que otros –no pardillos sino pardos– dejaron tras de sí; y la que lideró el cambio hasta la España constitucional.
Esos dos hitos están bajo amenaza populista, por la izquierda y por la derecha, y no hay forma de presentar como virtud la necesidad de restarle importancia a la luz de algunas encuestas.
Encuestas –y urnas– que, bien leídas, dicen que restar importancia resta votos.
Hay cosas que no dan miedo y deberían: una radial girando bajo una luz estroboscópica, el 'balconing' a quien salta o las adicciones en el momento de iniciarse.
Hace dos años el PP estaba en el 40 y Vox en el 10.
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