La felicidad es sinónimo en el Sevilla de tranquilidad
Los cerca de mil aficionados del Sevilla que se cruzaron el país para ver a su equipo un miércoles de septiembre, inundando de colorao y blanco las calles de La Coruña, se han traído de vuelta una resaca emocional de las que gustan .
El mal cuerpo resacoso puede molestar por las falta de horas de sueño, no por lo habitual a lo que se le asocia, pero es que además esa felicidad sostenida, que no es más que una tranquilidad general de ver que el equipo por fin defiende esa palabra de conjunto al unísono y sobre todo ofrece sensaciones de no sufrir como en años anteriores, quita cualquier mal del cuerpo.
Hacía tiempo que la afición del Sánchez-Pizjuán no dormía a pierna suelta .
Relajada.
Soñadora.
Las pesadillas de los meses de abril y mayo han terminado de agolparse detrás de la almohada, haciendo cola para recrear goles encajados y oportunidades perdidas.
El fútbol no es que dé segundas oportunidades porque, si puede, te aniquila.
Pero sí que guarda o conserva pequeñas rendijas por donde a veces se cuelan soluciones que uno ni espera .
Tras caerse la venta a Sergio Ramos, el club no tuvo más remedio que quedarse con el entrenador milagro que le había salvado el cuello (tenía contrato) y recurrió a un hombre de la casa, aunque regresase de la mano de Antonio Cordón, para rehacer un equipo que había jugueteado con una pistola cargada.
Todo estaba en casa.
Curioso.Y le ha salido bien.
O eso al menos parece en un arranque de Liga donde casi todo han sido buenas noticias por Nervión.
El trabajo siempre paga dicen los que acostumbran a doblar el lomo .
Y suele ser una rara avis en el mundo del fútbol, donde la palabrería vacía engatusa como una tablet o cualquier pantalla con ruido y color a los chiquillos de esta generación.
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